DICEN que llegaron a limpiar la casa, a barrer las viejas mañas y a demostrar que la política se podía hacer con decencia. Dicen que no son iguales. El problema es que, cada vez que uno mira con calma lo que pasa en ciertos municipios, esa frase se deshace como papel mojado. Y Janos es el ejemplo perfecto.
Allá, en ese rincón del noroeste, una denuncia ante la Fiscalía pinta un retrato incómodo para quienes se presumen distintos: directores del Bienestar que, lejos de ser el “nuevo rostro” de la política social, parecen más bien graduados con honores de la vieja escuela del agandalle.
El caso es simple y brutal: una joven inscrita en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, que debería recibir su beca íntegra, terminó quedándose sin más de la mitad porque alguien decidió que podía convertir ese apoyo en su caja chica. Hablamos del coordinador municipal del Bienestar en Janos, Cristóbal Verdugo García, señalado por quedarse mes tras mes con 5 mil 900 pesos que no le pertenecen, aprovechándose de una beneficiaria cuyo único error fue confiar en la institución que debería protegerla.
Si esto no es traición a los principios que presumen, ¿qué es? El Bienestar convertido en botín, el funcionario convertido en cobrador de piso, y la víctima convertida en estadística.
La denuncia sigue sin avanzar. Ahí está, empolvada, esperando quién sabe qué milagro o qué “luz verde” para proceder. Y mientras tanto, el mensaje es claro: la impunidad siempre encuentra asiento en el escritorio correcto.
Lo interesante será ver qué dice la súper delegada del Bienestar. Si se hace cargo, si limpia la casa o si prefiere mirar hacia otro lado mientras la bandera de la honestidad se arruga sola. Porque una cosa es decir que no son iguales… y otra muy distinta es demostrarlo donde verdaderamente importa.
EN Parral al exalcalde por Movimiento Ciudadano César Peña lo traen repartiendo propaganda del gobierno de Ciudad Juarez tras cambiarse de camiseta al partido MORENA ya es, de por sí, un espectáculo de doble moral. Pero si a eso le sumamos que, durante su gestión municipal, fue denunciado por una regidora del propio partido en el que ahora promueve obra… la película ya es de horror.
En efecto: una regidora emanada de MORENA —Alejandra Chávez Ortiz— junto con otras ediles, acusó al alcalde Peña de ejercer violencia política de género, maltrato verbal y desdén hacia las mujeres que integran el Cabildo. Las denuncias se elevaron hasta los Servicios Periciales, la Comisión Estatal de Derechos Humanos empezó a seguir el rastro.
Entonces, ¿qué es lo que vemos? Por un lado, Peña Calles estampado en panfletos de MORENA como uno más del equipo victorioso que trae “las obras y los programas”. Por otro lado, el expediente de cuando era alcalde, donde, según la acusación, gobernaba “al 50%”, se adjudicaba lo institucional como personal y desdibujaba la voz de las regidoras.
El resultado: la congruencia se va al carajo. ¿Con qué cara habla hoy de justicia social, cambio e inclusión, cuando justo él estuvo en el centro de una queja por violencia política de género? Esta es la clase de doble discurso que hace que la política se convierta en teatro de reflectores, no en servicio a la ciudadanía.
Y de paso, ese salto de partido deja al elector rascándose la cabeza: ¿era MC, ahora es MORENA; era opositor, ahora es promotor de otro grupo? El mensaje que manda es que la ideología es accesoria, que lo importante es estar en la foto. Y mientras tanto, los ciudadanos se quedan sin respuestas reales. Se quedan con las denuncias, las acusaciones, los panfletos… y sin ver la transformación prometida.
A la Dirección de Seguridad Pública Municipal le encanta presumir al Halcón I. Lo presentan como una maravilla tecnológica capaz de hacer el trabajo de ocho patrullas, recorrer la ciudad en media hora y detectar hasta la sombra de un vehículo robado. Suena impresionante… hasta que uno lo contrasta con la realidad que viven los chihuahuenses.
Porque mientras arriba vuela el helicóptero, abajo continúan los asaltos, los cristalazos, los homicidios, los pleitos entre pandillas y las colonias donde la patrulla jamás aparece. El discurso oficial dice que Halcón I “reduce tiempos de reacción”. La verdad es que reduce tiempos… pero de comunicación política: nada vende mejor que un video del helicóptero sobrevolando la ciudad, aunque los vecinos sigan esperando que alguien llegue cuando marcan al 911.
El Halcón I también sirve como ambulancia aérea, dicen. Sin duda es útil en rescates, pero convertir esa utilidad en cortina de humo para ocultar carencias operativas es otra historia. La corporación tiene cuatro operadores y dos pilotos coordinados con la Plataforma Escudo Chihuahua, recibiendo información en tiempo real. Suena muy moderno. Pero modernizar el aire sin modernizar la tierra es como poner una antena satelital en una casa sin drenaje.
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