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EN Ciudad Cuauhtémoc ya no gobierna el alcalde: gobierna el miedo… y ese sí trabaja tiempo completo. Porque mientras en el papel aparece Elías Humberto Pérez Mendoza, en la calle lo que manda es la ráfaga, el levantón y la estadística maquillada.

Aquí no hay días, hay conteos: uno más, otro más, y otro más. Ejecutados como si fueran parte del clima, como si la violencia fuera pronóstico permanente y las autoridades solo salieran a decir “cielos parcialmente encubiertos… de sangre”.

El problema ya ni siquiera es la inseguridad; es la ausencia. No hay alcalde, no hay estrategia, no hay control. Hay discursos reciclados y una realidad que se desborda como drenaje colapsado: apesta y nadie quiere hacerse responsable. Lo peor es que la pagan también inocentes. Las cifras no mienten, pero tiene que darlas el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública donde afirman que Cuauhtémoc triplica la incidencia de la capital del estado.

No es percepción. No es narrativa. Es matemática pura: por cada 100 mil habitantes, el municipio se coloca en una posición mucho más grave que Chihuahua. Y eso debería encender todas las alarmas.

Pero en lugar de respuestas, lo que hay es silencio… o peor aún, inmovilidad.

Las críticas hacia el alcalde Elías Humberto Pérez Mendoza no surgen en el vacío. Se le señala de estar ausente, de no gobernar, de haberse convertido en una figura decorativa en medio de una crisis que exige firmeza, estrategia y presencia. A sus 73 años, el debate ya no gira en torno a su edad, sino a su capacidad real de encabezar un municipio que se desangra.

Porque mientras el discurso se diluye, la violencia avanza. Mientras las autoridades titubean, los homicidios crecen. Y mientras se reparten culpas, los ciudadanos quedan atrapados en una realidad que no admite maquillajes.

Cuauhtémoc no necesita justificaciones. Necesita gobierno.

Y hoy, las cifras dejan claro que algo —o alguien— no está cumpliendo.

EN momentos en donde todo parece concentrarse en las encuestas de aspirantes a la gubernatura, la encuesta entre los aspirantes a la presidencia municipal de Chihuahua abre la posibilidad de una elección primaria en el PAN.

Y es que aunque todavía no es oficial, dicen que las reglas que el CEN panista aplicará para estas elecciones, es que los aspirantes que tengan una gran diferencia en las encuestas oficiales, podrán evitar la elección primaria y de lleno convertirse en precandidatos únicos, pues la intención es que vayan a la elección solo los más competitivos.

Esto en la contienda a la gubernatura está más que claro, pues Marco Bonilla les saca más de 20 puntos a cualquiera de los otros aspirantes.

Sin embargo, en los terrenos de la alcaldía, si bien César Jáuregui mantiene una ventaja sobre todos los demás, se trata de 4 o 5 puntos porcentuales, por lo que probablemente ahí sí deberá haber elección primaria.

Aquí lo interesante será ver si incluyen a todos los encuestados, o solamente a los que estén en un terreno competitivo, porque si es solamente a los que están cerca del puntero, Santiago de la Peña simple y sencillamente quedaría fuera de cualquier contienda.

 

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