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MUCHOS le echan la culpa a los policías municipales del llamado Distrito Ángel, cuya misión principal se supone que es vigilar y reforzar la seguridad en la zona centro y sus alrededores. Otros apuntan contra los grupos especiales por no atacar el problema de fondo, y muchos más voltean hacia la dirección de un tal “Salas”, quien trae apellido de familia, pero actitud de hamaca… porque mientras los ladrones trabajan horas extras, él parece andar en modo siesta permanente.

Y es que la ola de robos y asaltos en el primer cuadro de la ciudad ya está completamente fuera de control. Comerciantes de las calles Séptima, Morelos y alrededores ya pegaron el grito en el cielo porque literalmente los traen de clientes frecuentes los amantes de lo ajeno. Lo peor es que, pese a las denuncias y reportes constantes, las autoridades parecen traer el botón de “ignorar llamadas” bien activado.

Parte del problema, aseguran vecinos y comerciantes, está en el edificio abandonado que anteriormente ocupaban las oficinas de Fonacot, en las calles Séptima y Allende. Hoy el lugar funciona más como hotel cinco estrellas para malandros que como inmueble abandonado. Ahí se refugian por las noches, planean los robos y luego brincan hacia las azoteas de los negocios para hacer de las suyas mientras la autoridad duerme más tranquila que los propios delincuentes.

Pero eso no es todo. También se mantiene bajo silencio una serie de asaltos, amenazas y hasta balazos en bares de la zona centro. Encargados de establecimientos ya han recibido advertencias de muerte y algunos negocios han sido escenario de ataques armados al interior, casos que curiosamente terminan escondidos debajo de la alfombra oficial. Uno de esos hechos ocurrió muy cerca de la avenida Niños Héroes y Neri Santos, prácticamente en las narices del famoso sistema de videovigilancia que tanto presumen… cámaras que al parecer sirven más para adornar postes que para prevenir delitos.

Por ello, comerciantes y ciudadanos exigen que el edificio abandonado sea tapiado de inmediato y que existan rondines constantes y verdaderos operativos de vigilancia. Porque mientras las autoridades siguen pateando el bote, el centro de Chihuahua cada vez se parece menos a una zona comercial y más a territorio libre para los “ratas”.

¿Y el famoso grupo de Comerciantes Formales Unidos de la Zona Centro qué tiene para ofrecer? Porque mientras los negocios son saqueados, los bares amenazados y los ladrones hacen tour nocturno por las azoteas, ellos parecen más ocupados organizando reuniones de aplausos, cortecitos de listón y actividades que no resuelven absolutamente nada. Los comerciantes afectados esperaban una postura firme, presión real y exigencias directas hacia las autoridades, pero el grupo ya parece más oficina alterna de Relaciones Públicas del gobierno que representante de quienes pagan renta, impuestos y sobreviven como pueden en el centro. A estas alturas ya son más oficialistas que el propio vocero oficial.

Y hablando de la inseguridad en el primer cuadro de la ciudad… dentro del Poder Judicial se habla de leyes, justicia y protección a las víctimas, pero afuera del edificio las trabajadoras tienen que salir con miedo. Empleadas del Tribunal Superior de Justicia denuncian desde hace tiempo a un sujeto que se dedica a acosarlas al terminar su jornada laboral, pero hasta ahora las autoridades parecen más interesadas en voltear hacia otro lado.

Las denunciantes aseguran que el hombre se instala en las inmediaciones del Tribunal, esperando la salida de mujeres para insistirles en hablarles, seguirlas y hostigarlas. El problema se agrava porque muchas empleadas no alcanzan lugar en estacionamiento privado y tienen que dejar sus vehículos sobre calles del barrio San Pedro y la Juárez, zonas que desde hace años arrastran problemas de inseguridad y poca vigilancia.

Lo más grave no es solo la presencia constante del acosador, sino la indiferencia institucional. Las afectadas ya reportaron la situación, pero nada cambia. Ni rondines, ni presencia preventiva, ni protocolos visibles para proteger a las trabajadoras. Pareciera que hasta que ocurra una tragedia alguien va a reaccionar.

Resulta increíble que precisamente en el corazón del sistema de justicia las mujeres tengan que caminar con miedo para llegar a su carro. Si el Poder Judicial no puede garantizar seguridad básica a sus propias empleadas, entonces el mensaje hacia la ciudadanía es brutal: estás sola, incluso frente a quienes deberían protegerte.

 

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