A seis años del caso Ayotzinapa: nuevo gobierno, mismo reclamo

México.- Todo parecía igual. La marcha por el sexto aniversario de la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, en Iguala, Guerrero, avanzaba sobre Paseo de la Reforma, del Ángel al Zócalo, dejando detrás de sí las viejas consignas de siempre pintadas en paredes, parabuses y banquetas: «EPN asesino», «43 Ayotzinapa», «Peña Maldito», «Fue el Estado».

Era como si Enrique Peña Nieto, cuyo gobierno torció la investigación hasta viciarla, siguiera siendo presidente. De hecho, el representante de la Normal Rural de Ayotzinapa, un joven de jeans azules y huaraches de cuero color tierra, se confundía en sus arengas al micrófono. Iba a decir «el presidente», y se corregía y decía «el expresidente Peña Nieto».

«Inventó una ‘verdad histórica’ que resultó mentira», expresaba. Y que la impunidad ha continuado en este Gobierno porque todavía no se ha puesto ni una demanda contra el priista. «Obrador tiene dos años que llegó al Gobierno y no se ha avanzado en nada», gritaba el normalista ajustando el horario.

Pero detrás de los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos, que por la mañana se habían reunido con López Obrador y le habían reprochado el poco avance, un contingente de normalistas de Chihuahua, con playeras de Zapata y del Che Guevara, insistía con el pasado: «¡Peña decía que todo cambiaría! ¡Mentira, mentira, la misma porquería!».

La novedad era la multitud. Era una marcha más grande que las que se recordaban. De Bucareli a Insurgentes, un kilómetro y medio de un sentido del Paseo de la Reforma. La multitud ruidosa parecía mucho más grande porque la marcha se realizaba aún con la pandemia de Covid-19 en curso. A los jóvenes que se sentían guerrilleros no les hicieron falta los pasamontañas porque traían cubrebocas: «Guevara, hermano: tu lucha no fue en vano. El fusil que nos dejaste, lo llevamos en la mano», coreaban.

Era el paso de las juventudes con las consignas de siempre. La misma falta de justicia de siempre, como si en el pasado el futuro luciera mejor. Aunque el señor Jeremías, músico en la parroquia de Chilapa, tenía a la mano un recordatorio del paso del tiempo: «Mi hijo nació ese año y ya tiene seis y yo ya tengo 43 años», dijo.

Detrás de él, un grupo de estudiantes de Guerrero marchaba con una manta con la figura de Julio César Mondragón, a quien sus secuestradores, policías o criminales, acaso los mismos, le arrancaron la piel de la cara. «Me tapo el rostro porque el Gobierno me lo quita», decía la manta y tenía pintada la hoz y el martillo del comunismo.

Avanzaron sobre Avenida Juárez donde tres días antes estaba el plantón del Frente Nacional Anti AMLO (Frena), quienes acusan al presidente que querer implantar al comunismo. Una parte de los de Frena seguían sobre Reforma, pero la mayoría ocupaba ya la mitad del Zócalo con casas de campaña, a resguardo entre vallas metálicas, policías y granaderos.

En la entrada, los seguidores de López Obrador esperaron la marcha con pancartas: «Apoyo sin condiciones ¡Viva AMLO!», «Frena, una generación de víboras!», «El pueblo inteligente defiende al presidente!». Aprovecharon la marcha para infiltrarse al Zócalo y gritarle a los de Frena, sus insultos aprendidos del presidente: «Blanquitos», «Saqueadores», «¡Escorias!», «¡Se quejan porque perdieron sus privilegios!».

Los de Frena se dieron la vuelta y se fueron al otro extremo. En el templete junto al Palacio comenzaron los discursos.

«Hoy están abiertas las investigaciones, tenemos órdenes de aprehensión contra militares, contra policías federales, sin embargo, lo más importante es que ¡no tenemos a los 43!», reprochó el abogado de los familiares, Vidulfo Rosales, mientras detrás del templete unos jóvenes saltaban las vallas que protegían el Palacio Nacional y realizaban pintas, las mismas pintas de antes: «Nos faltan 43», «Ni perdón ni olvido», «Fue el Estado» y un «+43», enorme y rojo, sobre la puerta de madera del palacio virreinal, donde duerme y come el presidente.

Casi igual que antes, salvo que ahora desde el templete Rosales pidió respeto. «Así no se logra la justicia, compañeros», dijo.

«Seguimos con la esperanza en este Gobierno, pero queremos que trabajen más duro», dijo Carmelita Mendoza, madre de Jorge Aníbal Cruz, desaparecido.

Al final de todo unos jóvenes lanzaron cohetones contra el Palacio Nacional y el edificio de la Suprema Corte. Los estruendos cimbraron seis veces el Zócalo, como una exigencia de liberar el tiempo detenido.

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