
MIENTRAS el secretario de Seguridad Pública del Estado, Gilberto Loya Chávez, se aventaba flores en redes sociales presumiendo sus “avances” en Guadalupe y Calvo, los delincuentes se burlaban de su estrategia subiendo videos desde el mismísimo lugar del operativo. O sea, mientras la autoridad “posteaba”, los malandros “posteaban” también, pero con fusiles en la mano y el descaro de operar bajo las narices de la famosa Plataforma Centinela.
Y es que en Guadalupe y Calvo instalaron cámaras de vigilancia y hasta un flamante arco de seguridad en la entrada principal de la cabecera municipal. Un proyecto millonario que se vendió como la joya de la corona de la seguridad estatal. Pero la realidad es que esos arcos terminaron convertidos en simples adornos de bienvenida para los criminales, quienes con lujo de violencia siguen entrando y saliendo como Pedro por su casa. El colmo: los mismos habitantes dicen que ese “arco de seguridad” fue usado más bien como arco del triunfo por los malandros.
Por si fuera poco, apenas el domingo pasado, diez policías estatales fueron levantados, golpeados y humillados camino a Guadalupe y Calvo. El mensaje fue claro: la autoridad no manda en la sierra, y los que mandan traen rifles, camionetas y cero miedo a la tan cacareada Plataforma Centinela.
El golpe más reciente: ayer, jueves 29 de agosto, vandalizaron siete arcos carreteros de la Plataforma Centinela. Les cortaron el cableado como si fuera hilo de papalote y con eso dejaron ciegos a los Puntos de Monitoreo Inteligente en varios tramos carreteros clave:
- La Junta – Creel
- Ignacio Zaragoza – Ignacio Allende
- Cuauhtémoc – Yécora
- Buenaventura – Ignacio Zaragoza
- Ignacio Zaragoza – Valentín Gómez Farías}
Con un solo corte, los criminales dejaron fuera de combate a un sistema que costó millones de pesos y que ahora no sirve ni para ver pasar un burro con mecates.
Conclusión
La Plataforma Centinela se vendió como el gran cerebro tecnológico de la seguridad en Chihuahua, pero en la práctica se está convirtiendo en un elefante blanco electrónico, incapaz de impedir que secuestren policías, vandalicen la infraestructura y los criminales se rían de la autoridad a carcajadas. Y mientras tanto, el secretario Loya sigue “posteando avances” en Facebook, como si los likes pudieran blindar la sierra.
En Guadalupe y Calvo la única plataforma que funciona es la de los malandros, donde el Centinela ya no vigila: nomás parpadea. Y como titulamos ayer en una nota del hecho: ¿Y a Centinela quién la cuida?

EL presidente municipal de Chihuahua, Marco Bonilla, parece más vocero de daños y perjuicios que alcalde. Cada semana lo vemos dar declaraciones para justificar por qué las cosas no caminan en su administración.
El caso más sonado: el nuevo relleno sanitario, que desde junio de 2022 está atorado en amparos, litigios y suspensiones. Bonilla se muestra preocupado porque ahora, con el cambio de jueces y magistrados a partir del 1 de septiembre, el expediente podría quedar más congelado que nunca. El alcalde alega que la jueza tenía tres días para resolver después de la última audiencia, pero como la decisión no llegó, habrá que esperar a que alguien más asuma el caso. En otras palabras: el relleno sanitario sigue en el aire, la basura sigue creciendo y el Ayuntamiento no tiene más que cruzarse de brazos.
El problema es que no se trata de un tema menor. Vecinos, ambientalistas y hasta empresarios han denunciado posibles afectaciones, no solo ecológicas sino también a negocios multimillonarios que se verían impactados por el proyecto. Lo cierto es que mientras Bonilla lamenta, la ciudad sigue sin una solución real al manejo de los desechos.
Y como si no bastara, Bonilla también salió al paso del escándalo del terreno para el nuevo hospital del IMSS. Con papeles en mano, aseguró que “la prioridad es construir el hospital” y que no debería haber discusión sobre la propiedad del terreno. El problema es que el propio IMSS rechazó el predio por considerarlo irregular.
Aquí viene la contradicción: minutos antes, funcionarios municipales reconocieron que el Ayuntamiento sí tuvo la propiedad, pero la perdió en algún momento. Entonces, ¿de qué papel habla el alcalde? ¿De un documento que ya no tiene valor legal? ¿De una escritura que fue válida pero dejó de serlo? Suena más a teatro que a certidumbre.
El alcalde presume buena relación con la gobernadora y con el delegado del IMSS, como si con reuniones y sonrisas se resolviera la falta de hospitales y rellenos sanitarios. Lo cierto es que en ambos temas, los avances brillan por su ausencia.
El hospital es urgente: el actual tiene más de 70 años de antigüedad, está rebasado y saturado. El relleno sanitario también es impostergable, porque la ciudad ya no sabe dónde meter la basura. Pero en vez de soluciones concretas, lo que tenemos son declaraciones, conferencias y la eterna frase “ya merito”.

