La población neoleonesa ha hecho que nombres como Brayan, Kevin o Britany sean harto solicitados en el Registro Civil a la hora de pasar a fregar, precisamente, registrar con un nombre a los chiquitines.

Esta sorprendente revelación surgió gracias al análisis de los datos del propio Registro Civil del estado.

Desde la locochona década de los 90 es más común que los padres opten por los mentados apelativos de origen anglosajón (incluso llegando a castallenizarlos), dejando cada vez más en el olvido tradicionales y bonitos nombres como José, María o Juan.

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