Sabemos que el Universo se sigue expandiendo, y las teorías más comunes achacan esa expansión al Big Bang, el momento en el que todo empezó a existir a partir de un punto infinitamente denso de material muy caliente. De alguna forma, algo puso en marcha el proceso por el que ese punto empezó a expandirse de forma explosiva, creando el espacio, el tiempo y la materia que conocemos y de la que todos estamos hechos. Y ahí es precisamente donde está el problema.

Los físicos, en efecto, han intentado desde siempre rebatir esa idea, ya que aceptarla significa estar de acuerdo con que el Universo comenzó en un estado en el que ninguna de las leyes conocidas de la Física puede aplicarse. Si el modelo del Big Bang ha terminado por imponerse, es porque sus predicciones, después del momento cero, funcionan a la perfección y explican con sorprendente exactitud todo lo que sucedió desde el Big Bang hasta nuestros días.

Para evitar esa incertidumbre en el momento del origen, algunos investigadores han sugerido que el Universo alterna periodos en los que se expande, como sucede en la actualidad, con otros en los que se contrae. En ese escenario, la expansión actual no sería más que una fase entre otras muchas de expansión/contracción.

La idea del «Big Bounce» (El Gran Rebote) fue sugerida por primera vez en 1922, pero fue rechazada debido a su incapacidad para explicar las transiciones de un Universo en contracción a otro en expansión, y viceversa, sin tener que recurrir, de nuevo, a un punto de densidad infinita. El problema, pues, continuaba.

Pero ahora, en un nuevo estudio recién publicado en Physical Review Letters, Steffen Gielen, Del Imperial College de Londres, y Neil Turok Director del Instituto Perimeter de Física Teórica en Canadá, han demostrado que el «Gran Rebote» podría haber sucedido realmente. Y han logrado explicar cómo se produjo, evitando pasar por la molesta singularidad.

Las observaciones cosmológicas sugieren que durante sus primeros momentos, todo el Universo era exactamente igual e uniforme, con independencia de de la escala en que lo observáramos. Lo cual implica que las leyes físicas que funcionaban en las escalas más grandes, debían funcionar también en las más pequeñas, incluso en los átomos y partículas individuales. El fenómeno se conoce como «simetría conforme».

Pero sucede que en el Universo actual esa simetría no existe. Y como los científicos saben muy bien, las partículas subatómicas siguen unas leyes (las de la Mecánica Cuántica) que son totalmente diferentes de las que gobiernan el comportamiento de los grandes conjuntos de partículas, como planetas, estrellas o galaxias. Lo cual significa que la simetría original debió romperse en algún momento.

Por lo tanto, en el Universo primitivo, donde toda la materia se presentaba en forma de partículas y no existían aún las grandes estructuras actuales, la ley imperante debió ser la que impone la Mecánica Cuántica, y no la física de los objetos a gran escala que rige en nuestros días. Y ahí es, precisamente, donde está la clave.

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