Entonces no podían saberlo, pero las autoridades bávaras iban a cambiar la historia del siglo XXI con una carta. “Se hace saber al ciudadano americano Friedrich Trump, ahora residente en Kallstadt, que dispone hasta el 1 de mayo del presente año para abandonar el Estado de Baviera. En caso contrario, debe estar preparado para su expulsión”, decía el documento del 27 de febrero de 1905, publicado por el periódico Bild.

La historia es tan enrevesada como fascinante. Friedrich ya había abandonado Kallstadt en 1885, con solo 16 años. Como tantos alemanes, llegaba a una América inmersa en la fiebre del oro con deseos de hacer fortuna. Pero en lugar de buscar el metal preciado, él se dedicó a abrir locales en los que ofrecía comida, bebida y, según su biógrafa Gwenda Blair, prostitutas. El negocio le fue bien y, ya con dinero en el bolsillo, volvió a su ciudad natal. Allí conocería a su mujer, Elisabeth.

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