Noticias de Chihuahua.- En los muros grises del Cereso de Aquiles Serdán, donde el menú diario rara vez despierta el apetito, el exgobernador César Duarte libraba su propia batalla: no contra sus acusaciones, sino contra la comida del penal. Temiendo ser envenenado, logró un amparo que le permitió introducir alimentos y sartenes, cocinando él mismo para garantizar —al menos— que su última cena no fuera cortesía de un enemigo.
Pero el 1 de enero de 2023, la violencia golpeó la puerta del sistema penitenciario. Un comando en vehículos blindados atacó la prisión estatal número 3 de Ciudad Juárez, dejando un saldo sangriento de 10 guardias y 7 reos muertos, 13 heridos y 30 fugados. La masacre desató un operativo en todos los penales del estado, incluido el de Aquiles Serdán. Allí, entre celdas y pasillos, revisaron cada rincón… y confiscaron los preciados sartenes de Duarte.
Sin sus utensilios, el exmandatario pasó días sin cocinar ni comer como estaba acostumbrado. La desesperación lo llevó a un hallazgo insólito: un viejo sartén donde se preparaba la comida de los perros policía. Sin asco ni remordimiento, lo limpió someramente y se puso a freír huevos con pan —ese pan especial del penal que, según él, era un manjar—.
Entre el olor a aceite reciclado y ladridos de fondo, Duarte convirtió aquel sartén canino en su cocina personal. “Nunca lo había contado… ni mi familia lo sabía”, confesó en una entrevista con la licenciada Amador, como si revelara un secreto de Estado. Así, su paso por prisión no solo dejó capítulos judiciales, sino también la leyenda del “chef del Cereso”, capaz de pasar del lujo político a desayunar con los perros… literalmente.


