
EN el ejido Pancho Villa, allá en el municipio de Janos, parece que el reglamento vale lo mismo que un cartón vacío: para tirarlo a la basura. Y es que a Sin Pelos en la Lengua denuncian que el mismísimo presidente municipal, Joel Loya Márquez, decidió innovar en la política: ahora gobierna de día y de noche despacha como cantinero, operando una licorería clandestina en plena comunidad donde, por cierto, está prohibida la venta de alcohol.
Lo más sabroso del asunto es que el negocio ni rótulo tiene; pero eso sí, los fines de semana se arma la romería: cervezas bien frías y hasta familiares del edil atendiendo como si se tratara de una franquicia familiar. Claro, con la diferencia de que esta sucursal de “Oxxo Municipal” opera bajo la sombrilla de la impunidad política.
Los pobladores aseguran que todos saben lo que pasa, pero nadie dice nada porque “pues es del alcalde”. Y en Janos la ley parece escrita con marcador borrable: se aplica al vecino común, pero se esfuma mágicamente si quien la viola tiene poder y apellido de oficina pública.
En otras palabras, si un ejidatario vende una caguama, seguro le cae la autoridad con todo el peso del reglamento; pero si es Joel Loya Márquez, pues mejor todos brindan en silencio, no vaya a ser que al rato les toque pagar la ronda… de sanciones.
Y para rematar, el edil se pasea muy bien apadrinado con el Estado, así que tampoco le dicen nada. Parece que la nueva política municipal es clara: “Si el pueblo tiene sed, que beba… pero que beba de mí”. Salud, Janos.

EN la colonia Mezquites, por el bulevar Saucito, la Escuela Primaria Alfonso N. Urueta Carrillo enfrenta un problema tan grotesco como peligroso: la basura se amontona en la entrada como si fuera un relleno sanitario improvisado, mientras autoridades municipales y de servicios públicos brillan por su ausencia. Las imágenes son claras: decenas de bolsas negras llenas de desperdicios y hierba se apilan sin control, generando un foco de infección que ya huele a kilómetros de distancia. Padres de familia y directivos han levantado reportes desde el 27 de agosto, han enviado oficios con folio, y hasta mensajes desesperados circulan en grupos de WhatsApp. Pero ni así los camiones recolectores se dignan a aparecer.
Mientras tanto, los niños estudian a un costado de montones de basura que no sólo afean el lugar, sino que representan un riesgo real para la salud: plagas, moscas, malos olores y un escenario digno de cualquier tiradero clandestino. Y lo más cínico es que, según denuncian, los vecinos ya hasta aprovechan la omisión municipal para dejar ahí más desperdicios, como si la escuela fuera el nuevo “relleno sanitario Saucito”.La dirección del plantel ya formalizó la queja ante Servicios Públicos Municipales, dirigida a José Luis de la Madrid Téllez, y aun así nadie mueve un dedo. Porque claro, los oficios se archivan más rápido que las bolsas de basura que se acumulan.
¿De verdad hay que esperar a que se enfermen los niños para que alguien recoja la cochinada?
En esta ciudad, parece que la educación se mezcla con desechos y la niñez se estudia entre pestilencias.¡Ah, pero eso sí! Para la foto oficial siempre hay escoba y trapeador en mano… aunque aquí la primaria entera se esté pudriendo entre bolsas negras.

JOSÉ Luis de la Madrid Téllez, director de Servicios Públicos Municipales, debería dejar un rato la grilla y ponerse los guantes, porque la ciudad no se limpia sola. No es la primera vez que colonias enteras levantan la voz contra la pésima recolección de basura.
Las súplicas de vecinos, escuelas y familias parecen ir directo al bote… pero no al de la basura, sino al de los pendientes olvidados. Mientras tanto, los montones de bolsas negras se acumulan y se vuelven un recordatorio apestoso de que la ineficiencia también huele.

