La labor de traslado para movilizar a Franco involucró a un equipo de 10 médicos, paramédicos e intensivistas, encabezado por el cirujano bariatra José Antonio Castañeda, que debió recurrir a una camioneta con una capacidad de más de una tonelada, debido a que les negaron el permiso de llevarlo en un camión de carga comercial.

Además, la familia debió desmontar la cama adaptada con fierros, agarraderas y cuerdas en lugares estratégicos para incluirla dentro del equipaje del joven de 32 años, debido a que ningún hospital cuenta con algo similar.

Con amplios tiempos de descanso y a paso lento, logró llegar a la camioneta y subirse con la ayuda de médicos y familiares.

En el traslado incluyeron un equipo de reanimación, así como un tanque de oxígeno, porque «en todo el trayecto» hay probabilidad de que sufra alguna descompensación, comentó Castañeda.

En otro auto llevaron a su perro Barbas. Según Franco, a lo largo de 12 años ese can se ha convertido en su «médico de cabecera», pues ladra cuando en las madrugadas se le sube o baja el nivel de azúcar, presenta presión elevada o está en peligro de morir.

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