Noticias de Chihuahua.- Después de 96 años pegados al hueso del poder, el PRI finalmente fue echado del club VIP del Senado de la República. Sí, ese mismo partido que alguna vez parecía eterno, hoy quedó reducido a la cuarta fuerza política, tan lejos del poder como un exgobernador huyendo de la Interpol.
La tragedia tricolor se consumó con la pérdida de Néstor Camarillo, su última velita prendida en la oscuridad. Sin él, la bancada priista se quedó sin derecho a la tercera vicepresidencia de la Mesa Directiva. En cristiano: ya no tienen ni silla donde sentarse a fingir importancia.
El Partido Verde, con Manuel Velasco de por medio, dejó claro que la cuarta vicepresidencia que le inventaron hace un año era préstamo, no regalo. Y como en toda tanda, el PRI se quedó sin turno, sin dinero y sin amigos.
Durante décadas, los tricolores pintaron de rojo, blanco y verde cada rincón del Congreso, actuando como dueños del circo. Hoy, la realidad los alcanza: pasaron de ser los amos de México a convertirse en un recuerdo incómodo que ni la abuela quiere sacar en la sobremesa.

