
MIENTRAS afuera el termómetro castiga sin misericordia, dentro del Hospital Infantil del Estado el calor también hace de las suyas. Y no hablamos de una simple incomodidad, sino de un problema que, según denuncian trabajadores y familiares de pacientes, lleva varios días convirtiendo áreas del hospital en verdaderos hornos. Lo preocupante no es solamente que el aire acondicionado no funcione. Lo verdaderamente grave es que quienes están pagando las consecuencias son niños enfermos, algunos de ellos enfrentando tratamientos delicados que bastante tienen con luchar por su salud como para además soportar temperaturas sofocantes.
Los testimonios pintan una escena que debería causar vergüenza en cualquier sistema de salud que presume su secretario Gil Baeza Mendoza, pero no está a la altura de las circunstancias. Puertas abiertas, incluidas algunas de emergencia, tratando de hacer el trabajo que debería realizar un sistema de climatización funcional. Una solución de improvisación digna de una tienda de abarrotes, no de un hospital especializado en atender a menores.
Médicos, enfermeras, personal de intendencia y familiares coinciden en algo: el problema existe, persiste y nadie les ha dicho cuándo terminará. Mientras tanto, los niños sudan, los trabajadores hacen milagros para desempeñar sus labores y los acompañantes cuentan las horas esperando una solución que no llega.
Los denunciantes esperan que el mensaje llegue hasta donde tenga que llegar. Quizá alguien de los altos mandos debería darse una vuelta sin previo aviso, sentarse un par de horas en una de esas salas y comprobar por sí mismo si todo está tan bien como se presume en los boletines oficiales.
Porque cuando un hospital infantil tiene que abrir puertas para tratar de refrescar a sus pacientes, el problema ya dejó de ser técnico para convertirse en un asunto de prioridad gubernamental.

DICEN que los números no mienten, pero vaya que provocan gestos. Mientras en Delicias prácticamente sacaron el mariachi para celebrar, en Chihuahua Capital más de uno terminó haciendo cuentas y tragando saliva.
Y es que el más reciente Índice de Competitividad Urbana dejó dos fotografías completamente distintas: por un lado, el alcalde Jesús Valenciano presumiendo que Delicias se colocó en el primer lugar nacional entre las ciudades de menos de 250 mil habitantes; por el otro, Marco Bonilla viendo cómo la capital cayó hasta la séptima posición entre las metrópolis de más de un millón de habitantes.
Tan molesto estaba Marco con todo lo bonilla de los resultados que presentó el Instituto Mexicano para la Competitividad que llegó tarde al evento, nomás a dar su mensaje.
Si bien Chihuahua se encuentra en un lugar envidiable, nomás no puede mejorar en los indicadores de percepción de la corrupción, tasas de homicidio, percepción de seguridad y densidad poblacional.
Por su parte Delicias hace su debut en este índice de competitivas que la pone en un lugar envidiable en los parámetros de salud, bienestar social e infraestructura de vivienda entre otros.
Claro, el evento fue aprovechado por el empresario Jorge Cruz de Desarrollo Economico quien presentó su libro “Corazón del Norte”, desde donde lanza su campaña con la visión del Chihuahua del futuro, pero el cercano del 2027.
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