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NO solo como feminista sino como legisladora, quedó exhibida la diputada Joceline Vega cuando este martes la activista María Elena Ríos le consultó cuál era la pena máxima en Chihuahua para un feminicidio, a lo que Vega hizo la seña de no saber, mientras participó como colaboradora en la iniciativa para aumentar las penas para castigar la violencia contra las mujeres, cuando se use ácido u otras sustancias. Aun cuando es secretaria de la Comisión de Feminicidios y vocal de la de Igualdad, de haber sido regidora y licenciada en Derecho según su curriculum, la diputada desconoce ese dato, a pesar de que Chihuahua fue de las últimas entidades en penalizar el feminicidio, por lo que fue sumamente difundido cuándo finalmente se tipificó.

MARTÍN Chaparro, ex dirigente estatal de Morena, a través de un mensaje, volvió a encender la red. Y es que solo recordó para que nació Morena: Bajo la promesa de regenerar la vida pública del país, como un contrapeso a la vieja política de intereses, cuotas y cuates. Pero en Chihuahua —como en muchas otras regiones— esa esperanza ya huele a rancio.

Hoy, el partido es un ente público financiado con dinero del pueblo, y como tal, está obligado a rendir cuentas. Sin embargo, la opacidad reina. No hay información clara ni accesible sobre las asambleas para elegir representantes seccionales, ni sobre quién las dirigió, ni en qué fecha, ni qué sedes se usaron, ni mucho menos sobre quién quedó al frente en cada sección. ¿Qué esconden?

Mientras tanto, los chapulines de derecha —esos que antes se burlaban de AMLO y juraban lealtad al PAN o al PRI— ahora ocupan cargos dentro de Morena, desplazando a los fundadores y a los verdaderos militantes de izquierda. Los mismos de siempre, pero con la camiseta de “transformación”.

Desde 2017, Morena ha jugado al “club cerrado”, haciendo afiliaciones fantasmas y prometiendo comités seccionales que nunca conformó. Muchos fundadores idealistas, académicos, activistas de izquierda fueron aventados a la banca o simplemente se hartaron de los nuevos jefes de tribu con hambre de hueso. Hoy, ni hay comité, ni hay dirección real. Sólo hay grupos de poder internos comiéndose entre ellos.

Eso sí, al pueblo se le da su frijolada y un aplauso. Pan y circo. Pero aguas… los frijoles se acaban, y al rato, ni agua.

NINGÚN gobierno puede mantener a todos los leales, operadores, “servidores de la nación”, voceros espontáneos, ni influencers de la 4T sin quebrar. Y menos cuando muchos dentro del partido luchan no por ideales, sino por mantener su pedazo del pastel.

La dirigencia de Morena en Chihuahua debe entender que la ciudadanía no es tonta y exige rendición de cuentas, empezando por lo más básico: transparencia en sus procesos internos. Porque si un partido que llegó al poder en nombre del pueblo no es capaz de dar información pública sobre su propia vida interna, entonces no es distinto a aquellos que decía combatir.

 

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