Top 5 de la semana

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EN el gran circo de la política chihuahuense, donde la sangre es el confeti y los balazos la banda sonora, los encargados de la seguridad han decidido que el mejor antídoto contra la violencia no es la estrategia, ni los recursos, ni la inteligencia. No. Son videos de segunda que se avientan, y las fotos.

Sí, ha leído bien. Mientras las calles de Juárez, la capital, Ojinaga, Aldama, Gran Morelos, Guadalupe y Calvo, etc., se convierten en un campo de tiro improvisado y la Plataforma Centinela sigue siendo tan real como el monstruo del lago Ness (pero mucho más cara), la brillante solución de la Secretaría de Seguridad Pública ha sido imprimir panfletos. No cualquier panfleto, claro. Uno donde el titular de la seguridad posa con la mirada de un Brad Pitt de mercadillo, un superhéroe de cuarta categoría que, en lugar de capa, lleva un traje bien planchado y una dosis de soberbia monumental. Todo apunta que ya se olvidó del encargo de la gobernadora que era darles seguridad a los chihuahuenses, y ahora es todo un político en la grilla aspirando a un puesto político a través de las urnas en el 2027.

Es el nuevo hit de la temporada: “Póster del Funcionario Intachable”. Colecciónalo. Mientras tú te agachas en el supermercado por si hay balacera, él se preocupa por si la luz de la foto le hace sombra en el pómulo. Prioridades.

No le importa a Gilberto Loya la flagrante violación al artículo 134 constitucional, propaganda personalizada, sin motivo alguno, no es aún un funcionario de elección o designación que requiera realizar algún informe de labores, por lo que viola la ley en el uso de personal de la SSPE del estado para distribución de propaganda personalizada, agregando a esto entonces uso de recursos públicos para la promoción personal.

La tragicomedia es tan grotesca que duele reír. Las colonias se desangran, los negocios cierran por extorsión, muchos secuestros, y la ciudadanía tiene el miedo metido en los huesos. Pero en el palacio de gobierno, la emergencia es otra: el ángulo de la cámara. El “espectáculo” de la seguridad, como bien lo han llamado, no es más que un reality show patético donde los ratings se miden en titulares de prensa, no en vidas salvadas.

Y aquí viene el gag negro favorito de todos: ¿quién paga esta obra de teatro? Nosotros. Los mismos que financiamos con nuestros impuestos las balas que no nos protegen y los folletos que nos insultan. Es el robo más cínico: no solo te asaltan en la esquina, sino que luego usan tu dinero para hacer publicidad de lo bien que lo están haciendo.

Pero el chiste tiene una capa más de humor macabro. ¿Este esperpento es un acto de egolatría desbocada de un funcionario que se cree el Batman de Chihuahua? ¿O acaso tiene la bendición de la gobernadora? Si fue un “lapsus” de vanidad, estamos ante una insubordinación que merece no solo el despido, sino una sesión de terapia intensiva.

Que se guarden sus folletos y su teatro. El show debe terminar. Porque en Chihuahua, la única cosa que debería estar disparando son las soluciones, no los egos.

EN Chihuahua, la encargada de “La Escuela es Nuestra”, Adriana Beltrán Murillo, salió más fashion que las influencers de Polanco. Con atuendos carísimos y accesorios de lujo, la ex candidata de Morena demuestra que en la 4T la moda republicana se paga con dinero del pueblo.

Mientras miles de niños estudian bajo techos de lámina y bancas rotas, la funcionaria presume la nueva “moda del bienestar”: Del diseñador de moda estadounidense, Marc Jacobs, Alo Yoga, entre otras. ¿Y la austeridad? Bien, gracias.

Una bofetada para los padres que hacen rifas para comprar pizarrones y para los maestros que tienen que llevar sus propios plumones. Y es que la también la excandidata de Morena, y cercana a la titular de la Secretaría del Bienestar, Ariadna Montiel Reyes, fue colocada como encargada de ‘La Escuela es Nuestra’, uno de los Programas para el Bienestar del Gobierno de México cuyo objetivo primordial es la mejora de las condiciones físicas y de los servicios escolares de los planteles públicos de educación básica y media superior, pero todo parece indicar que Adriana no da el ancho.

EL tema de la pestilencia de la corrupción que huele más fuerte que cualquier tiradero a cielo abierto, y qué en esta ocasión el hedor proviene del mismísimo despacho del alcalde Jesús Valenciano, da para mucho más.

Y es que tras destaparse el millonario negocio de la basura, donde —como buen operador político— se aseguró su respectiva “mochada” gracias al dinero de los contribuyentes.

El guion es el mismo de siempre: una licitación simulada, un “ganador” ya pactado de antemano y, casualmente, un íntimo amigo del alcalde al frente de la concesión. Negocio redondo, donde los que pagan el costo son los ciudadanos que verán cómo sus impuestos se transforman en millones para unos cuantos bolsillos privilegiados.

Lo más insultante es que el servicio se reducirá: antes había 21 rutas de recolección, hoy apenas serán 17, cuando ni con más camiones se daban abasto. Pero a Valenciano poco le importa si la ciudad se hunde en bolsas negras, olores nauseabundos y montones de basura en las esquinas. Lo importante es garantizar que su círculo cercano siga llenándose las manos, mientras la ciudadanía se queda con la inmundicia.

En Delicias, muchos callan por miedo o indiferencia, pero cada vez son más los que se hartan de estos robos oficiales disfrazados de contratos legales. Algunos ciudadanos ya preparan su “sorpresita” para un alcalde que piensa que puede seguir viendo a la gente como cliente cautivo de sus tranzas.

El futuro inmediato está claro: o Delicias vuelve a ser la “ciudad limpia” que alguna vez presumió, o sus habitantes aprenderán a convivir entre la corrupción y la basura. En ambos casos, el responsable ya tiene nombre y apellido: Jesús Valenciano.

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