Su conclusión la basa en cinco posturas: la palabra de Dios lo rechaza, no santifica ni da vida; causa daños psicológicos, físicos y emocionales; donde se ha legalizado ha atentado contra la libertad de conciencia y de expresión, y los involucrados pueden perder la salvación.

A través del semanario Desde la Fe, el Cardenal Norberto Rivera asegura que aunque algunas personas plantean que la Iglesia no debería pronunciarse porque es un tema que no les afecta, él responde «sí nos afecta, afecta a la sociedad en su conjunto».

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