EN En Ignacio Zaragoza, el pavimento parece tener apellido y dirección: Barrio Magisterial. Justo ahí, donde vive el alcalde Omar Escorza, se pavimentaron 150 metros de lujo, una alfombra de asfalto impecable para que su nueva RAM 2025 de alta gama pueda rodar sin baches hasta su cochera. Mientras tanto, el resto del municipio se hunde en terracerías, calles intransitables y promesas que nunca llegan.
El descaro no termina ahí. A los vecinos se les va la luz cada rato porque el municipio debe a la CFE y no ha pagado. El SAT lo anda cazando porque no ha declarado un solo peso, como si el erario fuera su caja fuerte personal. Y en la Plataforma de Transparencia no aparece nada: cuánto ganan los funcionarios, en qué se gastan los millones, ni una pista.
El caso de la carretera Los Pinos es la joya de la corrupción: una obra de 5.4 millones de pesos que en papel está entregada desde diciembre, pero que en la realidad no llega ni al 20% de avance. Con firmas presuntamente falsificadas, incluyendo la del síndico Eddy Mendoza, el fraude ya está en la Fiscalía Anticorrupción.
Y como todo mal gobierno tiene su sombra, aparece el asesor financiero Fredy Córdoba, alias La Flota. Con fama de aviador, cobra como si trabajara, mientras se lleva su tajada “asesorando” al alcalde en cómo cuadrar números imposibles. Es el artífice silencioso que lo ayuda a tapar hoyos… no los de las calles, sino los de las cuentas municipales.
En Ignacio Zaragoza, el pavimento no es un derecho, es un privilegio de domicilio. Aquí el alcalde se asegura de llegar cómodo y estrenando camioneta a su casa, mientras el pueblo lidia con apagones, baches y obras fantasma. La verdadera carretera que construyó Escorza es la del cinismo y la corrupción, y esa sí está pavimentada al 100%.
VECINOS del fraccionamiento Molino de Agua y zonas aledañas llevan más de tres días sin servicio de agua potable, situación que los ha obligado a buscar alternativas poco comunes para enfrentar la crisis: varios residentes han optado por acudir a albercas privadas y públicas para bañarse.
De acuerdo con mensajes compartidos en grupos vecinales, la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS) ha dado múltiples explicaciones, desde que “se les olvidó abrir una válvula” hasta que varias de estas presentaron fallas durante el fin de semana. Aunque aseguran que ya fueron reparadas y abiertas, el líquido no llega con normalidad y apenas se percibe una débil presión en algunos domicilios.
“No tenemos agua hace 3 días… la gente se está yendo a bañar a la alberca”, señalaron molestos vecinos en los reportes ciudadanos.
La inconformidad crece porque las autoridades piden a los colonos llamar constantemente para “dar seguimiento y meter presión”, pero los reportes no se traducen en soluciones inmediatas. La JMAS ha prometido restablecer el servicio de forma regular en las próximas horas, aunque la comunidad se muestra escéptica tras varias promesas incumplidas.
Mientras tanto, familias enteras cargan garrafones, llenan cubetas y algunos hasta han improvisado traslados hacia albercas con tal de mantener la higiene básica. Una situación que, lejos de resolverse, exhibe la vulnerabilidad de los usuarios frente a un servicio que debería ser esencial.




