Como testigo de los hechos solo hay un niño de 3 años que compartía la habitación con la pequeña. Según su testimonio, el padre se acercó a la cuna del bebé y le oprimió la boca, la frente, el cuello y la barriga con las manos. Para evitar ser descubierto por el niño, Giuseppe le dio su teléfono móvil para que estuviese entretenido.

El bebé llevaba ingresado 76 días en el hospital debido a las crisis respiratorias que sufría continuamente. Las enfermeras declararon que acudieron a la habitación la noche en la que sucedieron los hechos y le realizaron un diagnóstico a la pequeña, que se encontraba en perfecto estado.

Los investigadores creen que el hombre quiso matar a su hija para poder recibir una indemnización por negligencia por parte de los médicos del hospital.

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