
LAS aguas comenzaron a agitarse en Ciudad Juárez y, sin tocar baranda, la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS) se metió de lleno en la operación política a favor del virtual candidato del PAN a la gubernatura, Marco Bonilla.
En bardas estratégicamente colocadas ya aparece el nombre de Sergio Nevárez como aspirante a la Alcaldía, en una jugada que lleva la firma de la contratación de Marisela Terrazas, pieza clave que desde su llegada ha movido recursos y voluntades para el capitalino.
La apuesta es clara: tejer alianzas lo más pronto posible con los grupos de peso del panismo en Juárez, aun cuando –según voces internas– no hubo “luz verde” desde Palacio de Gobierno ni se pidió permiso a quien realmente manda.
El golpe no fue contra MORENA ni contra otros partidos, sino un autogol en casa: el movimiento provocó molestia entre panistas de cepa, quienes advierten que se deben cuidar las formas para no encender una guerra interna justo antes de arrancar el proceso electoral.

LA salud mental en colonias de la periferia, como Punta Oriente, se ha convertido en una emergencia silenciosa que requiere intervención urgente. Aunque el Instituto Municipal de Prevención y Atención a la Salud (IMPAS) ha intensificado su presencia en la zona con la reciente apertura de una clínica, la demanda de atención psicológica ha superado las capacidades institucionales.
Luis Arrieta, director del IMPAS, ha señalado que mensualmente se atiende a cerca de mil 800 personas, principalmente por consultas relacionadas con la salud mental, además de servicios médicos generales. No obstante, reconoció que no es suficiente para cubrir el volumen de casos, particularmente en zonas como Punta Oriente, donde los índices de violencia, marginación y pobreza la convierten en una de las colonias más conflictivas según estadísticas de seguridad pública.
“El problema no solo es de infraestructura médica, sino de atención especializada en psicología y psiquiatría. Hay muchas personas que viven con ansiedad, depresión, duelos no resueltos, adicciones, y no tienen acceso real a un tratamiento profesional y constante”, señaló Arrieta.
Además de las consultas, el IMPAS mantiene campañas de vacunación para personas menores de 49 años y niños con esquemas incompletos. Para esto, se han habilitado puntos de atención en coordinación con Sedena y hospitales públicos, pero la salud mental sigue siendo una deuda pendiente en estas zonas vulnerables.
Vecinos y personal médico coinciden en que es necesario un esfuerzo conjunto entre los tres niveles de gobierno y organizaciones civiles para contener la crisis emocional que se vive en los cinturones de pobreza de la ciudad, donde el abandono institucional se manifiesta no solo en la falta de servicios, sino también en el deterioro silencioso del bienestar mental de miles de personas.
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