
LO que parecía imposible en la política chihuahuense comienza a tomar forma: jóvenes del PAN y de Morena estarían coincidiendo en algo que ni en una posada política se veía venir: no quieren que Cruz Pérez Cuéllar llegue a la gubernatura de Chihuahua.
La curiosa alianza no tendría partido, colores ni logotipo. El único requisito sería compartir el rechazo al aspirante morenista.
Por un lado aparece Daniela Aguilar, secretaria nacional de Acción Juvenil del PAN, quien ha tomado una postura crítica hacia Cruz Pérez Cuéllar mientras participa en espacios nacionales de debate y liderazgo juvenil.
Y del otro lado está Karla Ramírez, joven dirigente vinculada a Morena en Chihuahua, quien ha utilizado sus redes sociales para cuestionar el proceso mediante el cual Cruz Pérez Cuéllar fue elegido como coordinador estatal de la Defensa de la Transformación.
La paradoja es de campeonato: los panistas quieren frenar a Cruz desde fuera y algunos morenistas parecen dispuestos a ponerle el freno desde adentro.
Ramírez ha compartido mensajes en los que se plantea que los morenistas no están simplemente molestos, sino “decepcionados” por la decisión de su partido. Incluso ha difundido críticas al método de selección de candidaturas y cuestionamientos sobre los perfiles que Morena está impulsando. “No estamos molestos los Morenistas, solo decepcionados, pues eligieron a Cruz Pérez Cuellar como su coordinador, que es una persona con más señalamientos de corrupción en el estado. Como es posible, que mensaje están mandando a nuestros hijos…”
Entre los contenidos compartidos de la líder Morenistas aparece también la analista Viri Ríos, quien cuestionó públicamente el uso de encuestas para definir candidaturas y sostuvo que Morena debería reconsiderar ese mecanismo.
El planteamiento toca una herida particularmente sensible para el partido: qué ocurre cuando quien pierde una encuesta conserva influencia suficiente para afectar al ganador.
Y ahí aparece Chihuahua.
“Las encuestas terminaron buscando al mejor ‘traidor’ de Morena, porque el primer perdedor, en muchas ocasiones, es un gran candidato: de hecho, suele quedar cerca del ganador. Y ahora se generan incentivos para que la oposición primero les ofrezca un lugar e, incluso, para que esos mismos candidatos decidan no hacer campaña en favor de quien ganó, con lo que podrían terminar llevándose una parte del voto de Morena. Esto ocurre en estados como Baja California Sur, Baja California, Sonora, Chihuahua y Zacatecas. Por ello, no estoy de acuerdo con que haya sido un buen proceso y, en esencia, Morena debe reconsiderar cómo está eligiendo a sus candidatos”
En Chihuahua, este escenario abre otra interrogante: si una parte de los jóvenes de Morena considera que la elección de Cruz Pérez Cuéllar contradice los principios que dieron origen al partido, ¿estarán realmente dispuestos a apoyarlo en la elección por la gubernatura?
El escenario que se comienza a dibujar es incómodo para Morena: jóvenes que simpatizan con el movimiento, pero que no necesariamente estarían dispuestos a respaldar a Cruz Pérez Cuéllar.
En pocas palabras, el PAN no tendría que convencerlos de votar por el PAN; bastaría con que algunos decidan no hacer campaña por Morena.
Y ahí está el humor negro de esta historia: Morena podría terminar enfrentando una campaña donde sus adversarios hagan campaña contra Cruz y algunos de los suyos simplemente se vayan de vacaciones.
PAN y jóvenes morenistas podrían estar separados por todo… excepto por Cruz.
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