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MIENTRAS el discurso público de Morena repite lealtad, congruencia y resistencia al endeudamiento, en el Congreso del Estado ocurrió lo contrario: diputadas identificadas como aliadas de la 4T optaron por desaparecer justo cuando su voto sí importaba.

Rosana Díaz Reyes y Edith Palma Ontiveros, de Morena, junto con Irlanda Dominique Márquez del PT, abandonaron la sesión legislativa en el momento clave en el que se votó la reestructuración de la deuda estatal, allanando el camino para que el bloque mayoritario alcanzara la mayoría calificada necesaria y aprobara el paquete económico de la gobernadora Maru Campos.

La maniobra no pasó desapercibida ni siquiera dentro de Morena. Mediante un posicionamiento público, la dirigencia estatal lanzó un extrañamiento directo contra Palma Ontiveros y Díaz Reyes, señalando que su inasistencia fue determinante para que avanzara un endeudamiento que el propio partido califica como “irracional e innecesario”.

El Comité Ejecutivo Estatal fue claro: ambas diputadas estuvieron presentes durante el resto de la sesión, pero casualmente no cuando había que votar. Una ausencia quirúrgica que contradice el discurso de oposición frontal al Paquete Económico 2026 y deja en entredicho la supuesta disciplina partidista.

Ante la presión interna, Morena anunció que el caso será turnado a la Comisión de Honestidad y Justicia del Comité Ejecutivo Nacional para analizar posibles faltas a la ética partidista. Mientras tanto, el daño político ya está hecho: el presupuesto pasó y la narrativa de congruencia quedó hecha pedazos.

En medio del fuego cruzado, desde dentro del propio morenismo se señala que la guerra sucia fue detonada por la diputada Brenda Ríos, evidenciando que las fracturas internas pesan más que cualquier discurso de unidad o lealtad a la 4T.

Al final, el mensaje que quedó en Chihuahua es claro: cuando se trató de frenar deuda, algunas diputadas prefirieron perderse en los pasillos antes que aparecer en el tablero de votación. Y eso, ni con comunicados ni con comisiones internas se borra.

EN Residencial Leones aun continua el conflicto vecinal que solo revela el fracaso de autoridades y falta de seguridad.

Los vecinos están divididos, y eso representa miedo y amenazas, pero a pesar de múltiples solicitudes de intervención formal, las autoridades son han querido meterse.

Los colonos exigen operativos permanentes de seguridad y una investigación rea al incumplirse con el mismo reglamento, las obligaciones de mantenimiento, y hasta el servicio de agua. Y se hizo una asamblea para un comité y administradores, pero no se cumplieron los requisitos del reglamento, como la escritura pública de las viviendas ni que dos terceras partes de los habitantes estén escriturados.

Estos hechos no son aislados ni recientes: en semanas anteriores el conflicto escaló a movilizaciones, bloqueos de la carretera Chihuahua–Aldama y enfrentamientos físicos entre vecinos y presuntos representantes de la administración anterior, con denuncias por robo y daños a equipos de control de acceso. Las tensiones han derivado en intervenciones policiales, denuncias por daños y enfrentamientos que han dejado lesionados y un ambiente de inestabilidad permanente en el fraccionamiento.

Esto va escalando, junto con las amenazas.

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