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EN Chihuahua estamos a punto de presenciar una de las escenas más preocupantes en materia de seguridad: un paro laboral total de la Policía Estatal. No es un rumor ni un invento de café; es la voz de cientos de uniformados hartos de promesas vacías y de ser tratados como desechables.

Siguen en la espera del aumento salarial que nunca llega. En cambio, sólo los grupos especiales disfrutan de privilegios, mientras que los policías de a pie —los que realmente se juegan la vida en la calle— siguen con salarios de hambre.

Para colmo, los de la división bancaria, que no pisan un operativo y se la llevan en oficinas, ganan más que quienes enfrentan a sicarios en la sierra o en la ciudad. ¿Esa es la justicia laboral que presume el secretario Gilberto Loya?

La indignación no es sólo por el sueldo. A cada policía le descuentan Mil 500 pesos por quincena para Pensiones, pero ¡sorpresa!: no tienen pensión ni beneficios! Cada año el descuento aumenta sin previo aviso y nadie rinde cuentas. ¿Dónde está ese dinero? ¿Quién se lo roba?

Además, había un fideicomiso para las unidades, dinero que desapareció como por arte de magia. Y si de salud hablamos, la atención médica que reciben es una burla, peor que la de cualquier trabajador informal.

Mientras esto ocurre, mañana los  altos mandos, con aire triunfalista, repetirán que tienen una “policía de primer nivel” en el desfile cívico-militar por el 215 aniversario de la Independencia de México.

EN política nada es eterno, y mucho menos las alianzas. El diputado verde Octavio Borunda quiere venderle a la opinión pública que la coalición “Sigamos Haciendo Historia” —esa mezcla incómoda entre Morena, PT y PVEM— sigue “firme y sin regateos” en lo federal. Pero lo cierto es que cada declaración suena más a discurso de control de daños que a convicción política.

Porque si bien en la Ciudad de México las dirigencias reparten abrazos y promesas, en los estados la realidad es otra: roces, intereses cruzados y traiciones disfrazadas de estrategia. Chihuahua es un ejemplo: aquí el Verde decidió caminar solo en 2024, sin el cobijo de Morena ni del PT. ¿Y ahora quieren hacernos creer que esa distancia “no es nada nuevo”?

La retórica del diputado Borunda es clara: mantener la ilusión de unidad mientras conviene. Lo mismo hicieron para ganar la Presidencia: disfrazar una coalición de “proyecto de nación”, cuando en realidad fue un reparto de puestos, candidaturas y privilegios.

¿Quién puede asegurar que, llegado el momento, el Verde no volverá a negociar con el mejor postor, como lo ha hecho históricamente? Lo que hoy es alianza, mañana puede ser moneda de cambio.

La “firmeza” de la coalición sólo existe en el discurso federal. En lo local, lo que impera es la desconfianza y el cálculo electoral. La gente lo sabe: los partidos no se mueven por ideales, sino por encuestas y por el tamaño del pastel que puedan devorar en la siguiente elección.

En Chihuahua, el Verde ya trabaja solo en los 67 municipios. ¿Casualidad? No. Es el reflejo de que las alianzas duran lo que dura el beneficio. Y si algo sobra en nuestra política, son ejemplos de rupturas disfrazadas de acuerdos “estratégicos”.

Conclusión

El diputado Borunda puede repetir una y mil veces que la alianza con Morena y PT sigue firme, pero el pueblo sabe leer entre líneas: lo que hoy se proclama como “unidad” es, en realidad, un pacto frágil, sostenido por intereses momentáneos.

Y en política, como en la vida, lo que se sostiene sólo con saliva, tarde o temprano se derrumba.

 

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