
LA muerte de un interno del Cereso Estatal No. 1 de Aquiles Serdán fue presentada inicialmente como un supuesto problema médico: un desvanecimiento, paro respiratorio e intoxicación. Pero la investigación de la Fiscalía General del Estado terminó apuntando hacia un escenario completamente distinto: Edwin C.C., de 45 años, habría sido golpeado y sometido durante más de tres horas por cuatro custodios del propio penal, pero ocultando a otros más, entre ellos el coordinador operativo, y una celadora.
Y es que Edwin había sido detenido por narcomenudeo y se encontraba en proceso de ser presentado ante un juez de control. Murió en el área de ingresos del Cereso 1 de Aquiles Serdán mientras era registrado para ingresar al centro penitenciario.
La primera explicación no hablaba de una brutal golpiza.
Hablaba de un supuesto desvanecimiento y problemas respiratorios.
Pero la investigación de la Unidad Especializada en Investigación de Delitos contra la Vida y de la Fiscalía de Distrito Zona Centro habría establecido posteriormente que el interno fue sometido y golpeado, agresiones que se prolongaron durante horas y que terminaron provocándole la muerte. El resultado fue todavía más grave: el caso fue investigado como homicidio y tortura. Y cuatro custodios en activo del centro penitenciario fueron detenidos, al contar con órdenes de aprehensión por los delitos de homicidio calificado agravado y tortura, pero ocultando a más involucrados.
El detalle que vuelve a prender las alarmas
Un mes antes de estos hechos se habían realizado movimientos importantes dentro de la estructura administrativa de los CERESOs estatales, entre ellos el cambio en la dirección del Cereso 1 de Aquiles Serdán.
Después vino la muerte de Edwin. Y mientras oficialmente se hablaba inicialmente de una causa médica, la investigación terminó llevando a cuatro custodios ante la justicia.
Y ahora el Cereso 1 vuelve a quedar bajo los reflectores.

LOS “Bonillas” andan sonriendo de oreja a oreja. No porque se hayan vuelto morenistas, sino porque ven en la designación de Cruz Pérez Cuéllar una oportunidad inesperada: que el voto de Morena llegue dividido a la elección de 2027.
Morena confirmó a Cruz como su coordinador de la Defensa de la Transformación en Chihuahua, dejando en el camino a Andrea Chávez. La propia cobertura del proceso reportó que hubo consignas divididas entre simpatizantes de ambos aspirantes antes de que apareciera el llamado a la “unidad”. Y ahí está el detalle que preocupa —o entusiasma, dependiendo de la camiseta—: ganar una encuesta interna no significa automáticamente quedarse con todos los votos de quienes apoyaban al perdedor.
Los “Bonillas” apuestan precisamente a eso.
Según esta lectura política, hay morenistas que podrían no sentirse representados por Cruz y que, llegado el momento, podrían abstenerse, votar por otra opción o incluso cruzar la boleta para apoyar a un candidato distinto. Eso no significa que necesariamente vaya a ocurrir, pero sí abre una pregunta incómoda para Morena: ¿cuántos seguidores de Andrea están dispuestos a cerrar filas con Cruz y cuántos solamente van a cerrar la puerta?
Y el fenómeno no sería nuevo.
EJEMPLO 1: Trump y el voto estratégico. En las primarias republicanas de Estados Unidos de 2016, el rechazo a Donald Trump provocó comportamientos de voto estratégico. La agencia AP documentó casos como el de una simpatizante de Hillary Clinton que votó por Marco Rubio en Virginia y el de un seguidor de Rubio que votó por John Kasich en Ohio, no porque hubieran cambiado de candidato favorito, sino para intentar frenar a Trump.
Es decir: “mi candidato no necesita mi voto aquí; voy a usarlo para evitar que gane el que no quiero”. Eso es voto cruzado en su versión más clara.
EJEMPLO 2: republicanos que se negaron a votar por Trump. Tras la nominación de Trump en 2016, figuras republicanas importantes anunciaron públicamente que no votarían por el candidato de su propio partido. ABC documentó casos como los de Meg Whitman, Richard Hanna, Henry Paulson y el exgobernador Arne Carlson, entre otros, quienes optaron por apoyar a Hillary Clinton, abstenerse o apartarse del candidato republicano. Y los datos de Pew mostraban que el problema no era imaginario: entre los republicanos que habían preferido a otro candidato durante las primarias, solamente 28% esperaba que el partido se uniera sólidamente alrededor de Trump, frente a 52% entre quienes habían votado por Trump en las primarias.
Y aquí viene el problema para Morena
Los “Bonillas” no necesitan convertir a los morenistas en panistas.
Les basta con que una parte deje de votar por Morena. Porque si un simpatizante de Andrea Chávez piensa: “Cruz no me representa, pero tampoco voy a votar por Bonilla”, ese voto puede terminar en blanco, anulado, en otra opción o simplemente no llegar a las urnas.
Y eso cambia la ecuación. El argumento de los seguidores del PAN es todavía más ácido: consideran que Cruz representa una política mucho más cercana a los grupos tradicionales que a la ruptura que, según ellos, habría representado Andrea Chávez. Esa percepción es justamente lo que podría alimentar el voto de castigo dentro del propio electorado morenista. Claro, una cosa es la teoría y otra las urnas. No existe evidencia suficiente para afirmar hoy que una cantidad determinada de simpatizantes de Andrea vaya a votar contra Cruz. De hecho, Morena ya hizo un llamado a la unidad y Cruz reconoció públicamente el trabajo de Andrea.
Pero la pregunta queda servida:
¿¿Morena eligió al candidato que ganó su encuesta… o al candidato que ahora tendrá que convencer a los que perdieron con él?
Porque si el voto guinda se parte, los “Bonillas” no necesitarán conquistar Morena.
Les bastará con sentarse, mirar y contar.
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