
EL nombre de César Duarte Jáquez, exgobernador de Chihuahua, vuelve a aparecer en el escenario nacional, y no precisamente por sus “aportes” a la política o sus bailes, pues se volvió a esconder con todo y su brazalete.
Y apareció su nombre por la misma razón que lo persigue desde hace años: corrupción. Esta vez, no solo como símbolo de desfalco al erario, sino como ejemplo de acaparamiento ilegal de agua, en un estado donde miles de familias viven cada día con la angustia de abrir la llave y no encontrar ni una gota.
Durante la mañanera, la presidenta Claudia Sheinbaum no dudó en exponer nuevamente el expediente sucio de Duarte, dejando al descubierto lo que todos sabemos: que el poder político en Chihuahua ha sido usado históricamente como patente de corso para enriquecerse y asegurar privilegios. La construcción de la presa “El Saucito” en su rancho no fue una ocurrencia inocente, fue un acto calculado de poder, una obra ilegal que benefició a un hombre y perjudicó a comunidades enteras que siguen peleando por el derecho más básico: el agua.
Lo grave no es solo lo que se confirma de Duarte, sino lo que se intuye detrás. Porque Duarte no es un caso aislado, es apenas la punta del iceberg. ¿Cuántos políticos, empresarios y caciques regionales mantienen en sus manos concesiones, pozos clandestinos y hectáreas de nogaleras irrigadas con agua que no les pertenece? ¿Cuántos se escudan en su poder para convertir un recurso de todos en un negocio personal?
El silencio local sobre este tema es tan escandaloso como el hecho mismo. Aquí nadie se atreve a tocar los nombres de los grandes acaparadores en municipios desérticos. Es cómodo poner a Duarte como villano —porque lo es—, pero también sirve como cortina de humo para encubrir a los que todavía siguen ordeñando al estado, con la complicidad de autoridades que miran hacia otro lado, pues mientras unos pocos se bañan en abundancia y la mayoría sobrevive a la sed.

DESTACANDO el trabajo del ex alcalde Marco Quezada, y ahora alabándolo como morenista, pero…negando haber sido enviados por él, un grupito de ciudadanos de las colonias UrbiVillas del Prado, Valle Doral y Vistas Cerro Grande, se plantaron afuera del Comité Directivo Nacional del Partido Acción Nacional para señalar “un nulo trabajo” por parte del alcalde de Chihuahua Marco Bonilla.
Pocos minutos después de presentar ante el Cabildo un resumen de su informe de gobierno, Bonilla fue tildado prácticamente de no hacer nada por la ciudadanía “no sé por qué se puso de presidente municipal, si trabajar no sabe. Lo ha demostrado. El trabajo no se ve en ningún lado”, dijo la dirigente de la manifestación.
“Cuando estuvo la administración de Marco Quezada veíamos obras por donde quiera. Ahorita él con el Polideportivo de La Ribereña uy se siente, pero como la divina garza”, dijo la señora antes de ser cuestionada si era enviada por el ex priista “no señor, soy ciudadana, ¿usted me ve alguna etiqueta? No, ¿verdad?”.
Señaló que muchas más personas piensan como ella, que el de la administración actual “ha sido un trabajo muy mal hecho, más bien no hay trabajo, está cobrando por un por una labor que no hace. Creo que la ciudadanía nos debe mucho, mucho como presidente municipal, las zonas de la periferia están descuidadas, calles sin pavimentar, en las colonias al sur de la ciudad, al sur oriente, la delincuencia a todo lo que da, no podemos salir tranquilos, pero el señor se atreve a decir que la seguridad depende del Gobierno Federal, pero este es como la cabeza de familia, delega responsabilidades al estado y al municipio, cosa que no han sabido hacer”, concluyó la manifestantes, quién luego pasó a recoger unos billetes de un “chapulín”.
Y es que ayer mismo, fue la presentación del 4to Informe de Gobierno, y primero de la gestión 2024-2027 de Marco Bonilla, donde la gobernadora Maru Campos reconoció al alcalde y reafirmó su voluntad de mantener la suma de esfuerzos con todos los ediles de la entidad, para asegurar el bienestar de las y los chihuahuenses.

EL presidente del Congreso del Estado, Guillermo Ramírez, parece haber optado por la estrategia del bajo perfil: ni pelea, ni confronta, ni incomoda. En otras palabras, anda “muy mansito”, como se dice en el lenguaje de la calle, o “muy institucional” como prefiere maquillarlo en sus declaraciones. Lo cierto es que su actitud deja más preguntas que certezas sobre el papel que debe jugar quien encabeza el Poder Legislativo.
Ramírez se deshizo en elogios para Cuauhtémoc Estrada, coordinador de la bancada de Morena, destacando su institucionalidad, pero también enalteciendo a las directrices nacionales, a través del senador Alejandro Moreno. Es decir, más que un Congreso local con voz propia, parece que los diputados de Chihuahua viven bajo las órdenes de oficinas en la Ciudad de México. Esta subordinación resulta preocupante.
El trasfondo del asunto es aún más revelador. La polémica sobre la reforma judicial y la toma de protesta de las personas juzgadoras evidenció que el PRI se manifestó apenas con tibieza, mientras Morena capitalizó el discurso. Estrada lanzó críticas duras a la oposición, y en lugar de responder con firmeza, Ramírez eligió ponerse la camiseta blanca de “mediador”. Una cosa es mantener la compostura parlamentaria y otra muy distinta es renunciar a la obligación de representar con claridad las posturas que, se supone, dieron origen a su liderazgo en el Congreso.
El coordinador priista Arturo Medina también decidió no “subirse al ring”. Con ello, lo que se confirma es que en Chihuahua tenemos un Legislativo que parece más un salón de té que un verdadero foro de debate democrático. Las bancadas opositoras dicen que votaron en contra de la reforma, pero no hay un discurso contundente que lo defienda; mientras tanto, Morena avanza con el control político y narrativo.
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