Top 5 de la semana

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-Ni los jefes se salvan del “¡me la pelan!”
-Sigue rentando el ruinoso Estadio Almanza
– “Nos van a sangrar con el agua”

 

FAMILIAS vivieron una noche de infierno musical cuando una bola de municipales decidió montar su propia fiesta en una vivienda cerca de las calles Del Solar y La Galera, acompañados de un grupo norteño que se echaba corridazos de esos bien tumbados, los que los mismos jefes de Seguridad Pública dicen estar prohibidos. Pero a estos uniformados les valió gorro la línea de mando. No se fueron a una granja ni a un rancho privado —como hacen los que tienen “lana”—, prefirieron reventar los tímpanos de medio vecindario con música que glorifica al narco y a la violencia.

Cansados del ruido infernal y de los gritos con olor a cerveza y soberbia, los vecinos marcaron al 911 para que les bajaran el volumen. Pero el colmo fue que los primeros en llegar fueron más municipales, quienes lejos de poner orden, se unieron a la plática y se retiraron tan tranquilos, dejando que el fiestón siguiera a todo lo que daba.

Ya entrada la madrugada, y tras varios balazos al aire —supuestamente en señal de “me la pelan”—, ahora sí aparecieron los soldados. Los militares rodearon la calle y se acercaron a la casa, donde fueron recibidos por algunos policías que se identificaron como elementos activos.

Tras unos minutos de charla con tono tenso, los militares les pidieron que bajaran su relajo y que, si tanto querían sentirse influyentes, al menos lo hicieran en un lugar más privado, donde no estuvieran jodiendo a los vecinos que ya están hartos del descaro y el doble discurso.

Porque una cosa es que el Municipio multe a los ciudadanos por hacer ruido o tocar corridos en público… y otra, muy distinta, que su propia tropa sea la que ande armando el reventón con pistolas y música que ellos mismos prohíben.

TANTO en Chihuahua como en Ciudad Juárez se cocina un nuevo golpe al bolsillo ciudadano: la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS) ya alista el aumento de tarifas para 2026. En pocas palabras, pagará más por el agua que consume, aunque cada vez reciba menos o de peor calidad. Oficialmente, las autoridades dicen que el incremento “está en análisis” y que todavía no se discutirá este año, pero el mensaje entre líneas es otro: están preparando a la raza para soltar más lana. Según ellos, “hubo mucha inversión” y “faltó presupuesto”, pero cualquiera que haya visto el gasto público sabe que el dinero sí alcanzó… solo que se fue por el drenaje de los intereses políticos.

En Chihuahua capital, el director ejecutivo Alan Falomir se aventó el lujo de invertir recursos públicos en los mentados “Aguardianes”, un programa que más parece una campaña adelantada de imagen que un esfuerzo por cuidar el agua. Falomir anda buscando más reflectores que soluciones, intentando sacarse ese trauma electoral que no lo deja dormir.

Mientras tanto, en Ciudad Juárez, su homólogo Sergio Nevárez Rodríguez sigue resentido por la derrota pasada, pero con las manos metidas en el agua… del presupuesto. Desde su oficina, con aire acondicionado pagado por los contribuyentes, prepara el terreno para justificarse: “no hay de otra, hay que subir las tarifas”.

Y así, entre frustraciones políticas y sueños de candidatura, los directivos de la JMAS convierten un servicio público en su caja chica emocional y financiera.

TODO parece indicar que el titular de la Coordinación Estatal de Protección Civil (CEPC), Luis Corral Torresdey, le hizo un parote a la directora del Instituto Chihuahuense del Deporte, Teporaca Romero, al permitirle seguir rentando el Estadio Manuel L. Almanza para conciertos multitudinarios, pese a que el lugar es una bomba de tiempo. El recinto cuenta apenas con un estacionamiento para 170 autos y una infraestructura que da pena ajena: bardas corroídas, gradas deterioradas y portones oxidados que ya pusieron a una mujer en el hospital durante el pasado concierto de Los Tigres del Norte, luego de que una de esas estructuras se le viniera encima.

Ni la Secretaría de Gobernación metió las manos, pese a que las fallas de seguridad son más que evidentes. Pero eso sí, los permisos para eventos siguen fluyendo como si nada.

Y ahora, con el festival “Viva la Radio 2025” en puerta —donde se presentará el grupo Bronco—, el riesgo vuelve a estar sobre la mesa. Si un portón ya cayó, ¿qué sigue? ¿una parte del techo o una grada entera?

Las quejas no paran. Usuarios de la Deportiva, conductores y vecinos de la zona llevan meses denunciando los problemas que provocan los eventos masivos: tráfico, basura, obstrucción de accesos y, sobre todo, el peligro latente de una tragedia anunciada.

Aun así, el Instituto del Deporte parece más interesado en sacar rentas que en salvaguardar vidas. Al fin y al cabo, cuando hay boleto vendido, la conciencia no pesa tanto como la taquilla.

 

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