
MIENTRAS la Secretaría de Seguridad Pública Estatal presume discursos de legalidad, puertas adentro comienza a crecer un escándalo que amenaza con golpear directamente la credibilidad de la corporación. Y no se trata de cualquier funcionario. El señalado es el Lic. Raúl, encargado ni más ni menos de la Unidad Jurídica de la Secretaria de Seguridad Pública Estatal (SSPE), el área que, en teoría, debería ser ejemplo de cumplimiento de la ley y defensa institucional.
La versión que comenzó a circular es delicada: una supuesta detención derivada de una orden de aprehensión por un delito de carácter sexual. Hasta ahora, la SSPE ni confirma ni desmiente la versión de Sin Pelos en la Lengua. Y en política, pero sobre todo en seguridad, los silencios rara vez son inocentes. Más aún cuando el señalado pertenece al círculo interno jurídico de la dependencia, donde se manejan expedientes, estrategias legales y control institucional.
La percepción que comienza a instalarse es peligrosa: ¿habría actuado igual la corporación si el acusado fuera un agente operativo de bajo rango o un ciudadano común? Porque en Chihuahua la ciudadanía ya está cansada de ver cómo la justicia parece tener velocidades distintas dependiendo del cargo, la cercanía o el poder del involucrado.
Y mientras el tema se intenta manejar con bajo perfil, el costo político crece. No por lo que ya esté comprobado, sino por la opacidad. Porque cuando una institución encargada de hacer cumplir la ley evita transparentar información sobre uno de sus altos mandos, lo primero que se erosiona es la confianza.

YA que andamos en temas de la SSPE, entre aclaraciones, desmarques y mensajes cuidadosamente calculados, el gobierno estatal dejó claro que en Chihuahua la seguridad ya no solamente se gobierna: también se administra políticamente. Porque cuando una mandataria sale personalmente a deslindar a uno de sus funcionarios más visibles de un tema tan delicado como un narcolaboratorio, lo que realmente se está protegiendo no es únicamente un nombre… sino toda una narrativa.
La reacción de Maru Campos no fue casual ni improvisada. Fue quirúrgica. Y aunque oficialmente no existía un señalamiento formal contra Gilberto Loya, los rumores ya comenzaban a circular en el ecosistema político donde las percepciones pesan tanto como los hechos.
El mensaje fue contundente: Maru cerró filas antes de permitir que la especulación creciera sola. Porque en estos tiempos, el silencio cuesta caro y las omisiones se leen como confirmaciones disfrazadas.
Pero detrás del deslinde también aparece otra lectura mucho más profunda. La seguridad se ha convertido en el principal activo político del maruquismo. Y dentro de esa estructura, Gilberto Loya no es solamente un secretario; es uno de los rostros más visibles de un proyecto que busca presumir estabilidad, control y resultados frente a un país incendiado por la violencia.
Por eso cualquier golpe mediático alrededor de su figura no se interpreta como un problema aislado, sino como una amenaza directa al discurso central del gobierno estatal.
Y mientras la gobernadora realiza gira en Ciudad de México, en el terreno simbólico también manda mensajes hacia adentro. Porque conforme se acerca el 2027, cada defensa pública empieza a parecer menos un acto administrativo y más una señal política de quién sigue teniendo respaldo, cercanía y futuro dentro del tablero sucesorio.
En Chihuahua ya comenzó la etapa donde las aclaraciones pesan más de lo que dicen. Y donde cada movimiento político deja de ser solamente reacción… para convertirse en posicionamiento.
Escríbanos al correo electrónico de SIN PELOS EN LA LENGUA: [email protected]

