En entrevista con EL UNIVERSAL, la pequeña señaló que no fue su intención “humillar” al encargado de la cartera educativa en el país, sino corregir algo que estaba mal.

Estudiante afanosa, que lo comprueban sus calificaciones del bimestre pasado, cuando obtuvo “puros dieces”, también es una aficionada a la lectura y sus materias favoritas son educación artística y español.

Amante del lenguaje y de los cuentos que por las noches le lee su papá Arturo, Andrea asegura que no tenía intención de ofender al secretario Nuño Mayer.
“Me sentí un poquito nerviosa al decírselo. Cuando oí que dijo ‘ler’… a mí no gusta escuchar cosas que estén mal dichas porque a mí también me gusta leer. Cuando se despidió de mí le dije que no se decía ‘ler’. Le dije: ‘con todo respeto, señor, no se dice ler, se dice leer’. Sentí ‘ñáñaras’”, platicó en entrevista con EL UNIVERSAL

“Creo que lo tomó como si fuera un juego, como que no me hizo caso, en principio. Sentí que no me hizo caso. Pero si se volviera a equivocar lo volvería a hacer para corregirle su error y que no siga pasando”, insiste Andrea

Después de ello, aseguró que el funcionario no le hizo ningún comentario adicional. Cuando se le pregunta qué les corregiría a los políticos, dijo que deberían aprender a hablar con los niños puesto que, en su sentir, no saben comunicarse con ellos.

“A Nuño que piense más en el lenguaje de los niños y que practique su lenguaje”, dijo y sonrió.

Andrea cursa actualmente el tercer grado de primaria y no le gustan las palabras “mal dichas”, y por ello en casa corrige hasta a su mamá.

¿Corregirías incluso al Presidente de la República?, se le interrumpe en la conversación, que se desarrolló en un restaurante.

“Sí”, asintió con la cabeza.

El lunes, cuando el episodio con Nuño Mayer se hizo viral en redes sociales, Andrea había llegado al estrado de la inauguración de la 36 Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil, en la delegación Miguel Hidalgo, en la Ciudad de México, porque su maestra sabe que le gusta mucho leer y le pidió que subiera.

“Mis papás son mis adultos favoritos porque me han enseñado muchos valores, a hablar con el corazón y decir lo que pienso pero con respeto”, dijo.

Por esa práctica familiar, donde los papás les leen a los niños, es que Andrea sabe leer desde los cuatro años, y quien le enseñó fue su mamá. Ello le dio ventaja al entrar a la primaria y actualmente es una voraz lectora.

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