Noticias de Chihuahua.- Poco a poco se va reconstruyendo la ruta que siguió Danna Angelina Muñoz Rayón, de apenas 21 años, antes de ser asesinada y enterrada en el patio de una vivienda en la colonia Romanzza. Tres testimonios —filtrados de manera extraoficial a La Parada Digital— revelan el dramático trayecto que comenzó como un viaje de fiesta y terminó como una historia de terror.
El viaje en la madrugada
Era la madrugada del domingo 17 de agosto de 2025 cuando Danna solicitó un traslado por plataforma. Había salido de una fiesta al norte de la ciudad y subió sola a un vehículo, todavía hablando por teléfono con un hombre al que llamaba “El Flaco”.
Durante el trayecto, de alrededor de 30 minutos, el tono de la llamada mostraba la presión que la joven recibía: “Dile al pinche Uber que se apure”, se escuchaba al otro lado de la línea. El chofer, nervioso, aceleraba lo más posible mientras ella guardaba silencio, con el celular pegado a la oreja, según varios testimonios a las autoridades que fueron ventilados a La Parada Digital.
Al llegar a la calle Bolonia, en Romanzza, dos hombres esperaban. Uno bajo, de playera blanca; otro más alto, flaco, moreno, con una estrella tatuada en el rostro. Este último golpeó la ventanilla del auto, mostró una pistola camuflada y amenazó al conductor: “¿Por esa pinche vieja vas a morir?”. Tras unos segundos de tensión, y comprobar que era solo el chofer, Danna descendió y se dirigió a la vivienda. Afuera, estacionado de reversa, un carro rojo parecía custodiar la entrada.
La casa
La casa era sencilla, de un piso, sin barandal ni autos a la vista. Ahí ya la esperaba Alexa Mirleth, una mujer de 19 años que tenía poco conociéndola, quien había recibido insistentes llamadas y mensajes de Danna para que se uniera a la “fiesta”.
Lo que encontró al entrar fue otra cosa: alrededor de cinco hombres entre 20 y 35 años la rodeaban. Rápidamente la llevaron a un cuarto con un colchón en el piso y maletas arrumbadas. Minutos después, Danna también fue llevada ahí.
Las amarraron de manos y pies con cintas blancas. Entre insultos y golpes, comenzaron a interrogar a Danna. Ella callaba. Entonces la separaron y la llevaron a otro cuarto.
Golpes, amenazas y sangre
Danna fue abofeteada y pateada en el suelo. Cuando intentó defenderla su amiga, también fue agredida. Los hombres le apuntaron con una pistola pequeña, negra, de unos 15 centímetros: “Vas a limpiar la sangre de tu amiga”, le repetían una y otra vez.
En un momento la obligaron a entrar al cuarto donde estaba Danna. Lo que vio la marcaría para siempre:
La joven estaba tirada boca abajo, con el rostro morado, sangre en el cuello y en el piso. Llevaba puesto un pantalón de cebra y un top negro. Ya no se movía.
Alexa fue regresada a su encierro entre amenazas: “La muerta pudiste haber sido tú”, le decían mientras detallaban la dirección de su casa y advertían que su hija pequeña también estaba en peligro si hablaba.
La huida y el silencio
Horas más tarde, uno de los hombres le devolvió el celular para que pidiera un cigarro electrónico. Con un pretexto logró mandar mensajes a un amigo, quien llegó en un auto deportivo. Fingiendo que salía a buscar un “encargo”, Alexa consiguió escapar.
Al amanecer, la familia de Danna ya preguntaba por ella. En redes sociales circulaban fotografías y versiones de su desaparición. Mientras tanto, rumores en perfiles falsos culpaban a Alexa de haberla matado, hasta que la joven contó lo que había vivido: los golpes, las amenazas, y la imagen de su amiga ensangrentada en el suelo.
El hallazgo
El cuerpo de Danna fue localizado enterrado en el patio de esa casa en Romanzza. La escena confirmó lo que los testimonios habían adelantado: la fiesta nunca fue tal, sino una trampa mortal.
La Fiscalía General del Estado mantiene abiertas las investigaciones y no ha confirmado oficialmente la identidad de los agresores. Sin embargo, las versiones apuntan a que los hombres que participaron en el crimen están vinculados con “La Empresa”, facción del Cártel de Juárez, quienes estaban dirigidos por otra persona con la que hablaban por celular, pues en varias ocasiones le preguntaban: ¿Qué hacemos con ellas?
Mientras tanto, la ciudad suma otra víctima más de la violencia feminicida. Una joven que salió de fiesta, pidió un Didi, llegó a una casa blanca en Romanzza… y ya no volvió a casa.

