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MIENTRAS miles de ciudadanos intentan cumplir con la ley y regularizar sus vehículos, el gobierno vuelve a mandar el mismo mensaje de siempre: la improvisación manda y las reglas cambian a mitad del camino.

El caso de los autos “chuecos” que quedaron a medias en el trámite del Repuve es otro ejemplo de cómo las decisiones se toman sin medir el impacto real en la gente. De un día para otro se canceló el esquema de regularización y dejó a miles de propietarios en el limbo jurídico. Personas que ya habían iniciado el proceso, que pagaron dinero y reunieron documentos, ahora dependen de permisos temporales para circular mientras el Gobierno “define las nuevas reglas”.

El alcalde Cruz Pérez Cuéllar dice que no quiere afectar a quienes estaban en proceso y por ello se les permitirá circular con un permiso expedido por Seguridad Vial. En el discurso suena razonable: no castigar a quienes intentaron hacer las cosas bien. Pero en la práctica también abre la puerta a un problema mayor: la normalización de permisos provisionales que, lejos de ser una solución, terminan convirtiéndose en un negocio burocrático más.

Porque mientras se habla de ayudar a los ciudadanos, cada permiso tiene un costo mensual. Es decir, quienes quedaron atrapados en la incertidumbre ahora deben seguir pagando mientras el gobierno decide qué hacer. La pregunta es inevitable: ¿quién se hace responsable por haber dejado el proceso inconcluso?

A esto se suma un señalamiento todavía más delicado. Desde el Congreso del Estado se denunció un presunto esquema irregular donde ciudadanos que no cumplen requisitos en Seguridad Vial son enviados a un negocio cercano que expide documentos oficiales sin comprobante fiscal. Si esto resulta cierto, no estaríamos hablando de un simple desorden administrativo, sino de un posible mecanismo de corrupción operando a plena vista.

“¿NO me veré muy mentecato aquí?”, preguntó sin querer, o queriendo, el diputado del PAN Arturo Zubía luego de que su coordinador Alfredo Chávez ofreciera una rueda de prensa desde el podio de su piso 16 y le dijo al de Camargo que se subiera también para hacer alguna declaración.

Y es que si algo distinguió de inmediato a Chávez al llegar a esa posición del anterior coordinador, Mario Vázquez, fue precisamente el subirse al ladrillo y presidir sus conferencias de prensa desde la altura, en lugar de sentarse a la mesa como iguales, como lo hacía Vázquez, como lo hace el de Morena Cuauhtémoc Estrada, sin parafernalia o tragos exóticos como Francisco Sánchez. Lo que si anunció Chávez, a manera de burla, es que cada miércoles estará atento a lo que diga Estrada para luego ofrecer su “contrarueda” para contradecir o contrastar a su “estimado amigo” morenista, como el mismo lo llama.

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