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EL Consejo Estatal del PAN dejó claro que el partido anda sin rumbo. La gobernadora regresó para llenar los vacíos que Daniela Álvarez no ha sabido ocupar. En su intento por mostrarse fuerte, la presidenta estatal terminó evidenciando su debilidad.

La molestia fue general. Diputados, secretarios, senadores y funcionarios del gabinete de Marco Bonilla y del estatal reclamaron que los espectaculares con la imagen de Daniela se pagaron con sus propias cuotas. Un error político y ético que pocos pasaron por alto.

El colmo fue el camión varado a la altura del kilómetro 70, en la carretera de Ciudad Juárez a Chihuahua. Los panistas tuvieron que esperar alrededor de dos horas hasta que llegó un camión patito para rescatarlos. El retraso se trasladó al evento, que también comenzó dos horas después.

Daniela podrá saber de comunicación, pero ignora la política real. Quiere ser juez y parte. En el PAN ese doble juego solo lleva a un destino, el fracaso.

A punto de cumplirse una semana de la emboscada contra 16 policías estatales en Moris, el silencio oficial se ha vuelto tan pesado como la tierra que cubre las tumbas de los caídos. La Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSPE) presume capturas menores, pero los verdaderos responsables —los hermanos Ever José y Noé González Bournes, conocidos como “El Águila” y “El 500”— siguen libres, cómodos y probablemente protegidos. Dicen que huyeron a Sonora, donde el intercambio de favores políticos mantiene cerradas las puertas de la cooperación.

Mientras tanto, Diego Camargo, esposo de la exalcaldesa priista Perla Gacela López, fue presentado como trofeo. Según la SSPE, él habría sido el “cerebro” del ataque, pero la realidad apunta más alto. Su relación con los Bournes no es un secreto, ni lo son las conexiones de esta pareja con personajes políticos de peso en el PRI estatal. Lo que Diego diga, o se atreva a decir, puede ser una bomba capaz de destapar una red donde la política y el narco se confunden en el mismo brindis.

El nombre que más retumba es el de Alejandro Domínguez Domínguez, actual presidente del Comité Directivo Estatal del PRI y diputado federal. Las fotografías de fiestas y reuniones con Perla Gacela y su pareja son parte del folclor político: risas, copas, abrazos y “compadrazgos” con quien fuera también compadre del fallecido Carlos Fernando Aguayo, alias “El Chupón”, exjefe de plaza de Yécora, Sonora. No es casualidad, es cercanía.

Domínguez se ha deslindado con declaraciones tibias, pero el silencio sobre su convivencia con esa “pareja presidencial” dice más que cualquier comunicado. Los lazos entre autoridad municipal, crimen organizado y liderazgo partidista son una vieja historia en Chihuahua, una que se repite con nombres nuevos y la misma impunidad de siempre.

 

EN Moris, los habitantes saben perfectamente quién manda, pero el gobierno estatal parece más interesado en mantener el guion de una novela policiaca controlada que en capturar a los verdaderos responsables. Hablan de operativos, pero evitan nombres. Arrestan peones, pero dejan libres a los reyes. La “narcopolítica” no es una teoría conspirativa: es la estructura invisible que mantiene a Chihuahua atrapado entre el miedo y el cinismo.

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