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LA guerra por la candidatura de Morena al Gobierno de Chihuahua ya dejó de ser un simple intercambio de simpatías y comenzó a mostrar sus primeras fracturas. Mientras la senadora con licencia Andrea Chávez presume ventaja en encuestas, desde su propio bloque político ya lanzaron un mensaje directo a Cruz Pérez Cuéllar: si pierde la encuesta interna, deberá aceptar el resultado y alinearse al proyecto ganador.

Fue el   profesor Guerrero Rodríguez, quién ha pasado la mayor parte de su vida trabajando por la izquierda caminando junto con Andrés Manuel López Obrador,  quién evidencia que dentro de Morena existe preocupación por una posible rebelión interna si el resultado no favorece al alcalde con licencia de Ciudad Juárez. El activista recordó que Cruz ya mostró inconformidad en procesos anteriores y ahora le exige demostrar madurez política y respeto a las reglas del partido.

Sin embargo, el discurso de unidad contrasta con la presión pública ejercida contra uno de los aspirantes más fuertes. Mientras aseguran que respetarán las encuestas, también afirman que Andrea Chávez encabeza todas las mediciones y que debe ser ella quien abandere el proyecto rumbo al 2027.

La realidad es que Morena enfrenta el riesgo de llegar dividido a la contienda estatal. Lo que hoy se vende como disciplina partidista también puede interpretarse como una advertencia anticipada para quien no resulte favorecido. La pregunta es si el partido será capaz de mantener la unidad cuando llegue la hora de los resultados o si las heridas internas terminarán beneficiando a la oposición.

Porque cuando los llamados a la unidad vienen acompañados de ultimátums, la contienda deja de parecer una competencia democrática y comienza a parecer una lucha por el control político del movimiento.

MIENTRAS Ciudad Juárez presume crecimiento y expansión urbana, ambientalistas y especialistas advierten que la Sierra de Juárez está siendo devorada poco a poco por desarrollos inmobiliarios, actividades extractivas y obras que amenazan uno de los principales pulmones naturales y zonas de recarga de agua de la frontera.

La preocupación ha llegado al Cabildo, donde regidoras de distintas fuerzas políticas buscan impulsar un estudio que permita convertir la Sierra en un área natural protegida. El objetivo: frenar el avance de intereses que ven en los cerros una oportunidad de negocio antes que una reserva estratégica para el futuro de la ciudad.

Especialistas señalan que en la Sierra de Juárez convergen alrededor de 67 arroyos que alimentan la recarga del acuífero Bolsón del Hueco, una fuente fundamental para el abastecimiento de agua de los juarenses. Sin embargo, la presión de nuevos fraccionamientos, industrias y actividades extractivas pone en riesgo ese equilibrio natural.

Los activistas advierten que, si no se establecen límites claros, Ciudad Juárez podría enfrentar problemas cada vez más graves de disponibilidad de agua, pérdida de biodiversidad y deterioro ambiental. Incluso alertan sobre un escenario de conflictos futuros por el control del recurso hídrico.

Aunque desde 2015 la Sierra de Juárez fue considerada una zona prioritaria dentro del Programa de Ordenamiento Ecológico Municipal, dicho instrumento sigue sin publicarse oficialmente, lo que ha dejado abierta la puerta para que continúe el avance del llamado “cártel inmobiliario” sobre áreas de alto valor ambiental.

Para ambientalistas, la pregunta es simple: ¿cuánto más territorio natural está dispuesto a sacrificar Juárez en nombre del desarrollo?

 

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