Para el 2017, el presupuesto para los servicios personales que se refieren a las remuneraciones del personal al servicio de los entes públicos, tales como sueldos, salarios, dietas, honorarios, prestaciones, gastos de seguridad social, obligaciones laborales y otras prestaciones derivadas de una relación laboral será de 1 billón 164,676 millones de pesos, considerando las aportaciones federales, monto que representa 3.57% más a lo aprobado en el 2016.

En contraste, al gasto en inversión que sirve para generar empleos, infraestructura en obra pública como carreteras, puentes, puertos, hospitales y el mantenimiento de los mismos se le presupuestaron 558,675 millones de pesos, monto que significa una reducción de 24.39%, si se compara con el Presupuesto de Egresos de la Federación que se aprobó para el 2016, año en que también se le hicieron recortes a este rubro.

Si bien datos de la Subsecretaría de Egresos indican que desde el 2014 los servicios personales se han reducido, en el 2015 pasaron de 1.09 a 1.08 billones de pesos, para diversos analistas cada año se registra un despilfarro de los recursos que se les destinan a la burocracia, ya sea en comidas, viajes, prestaciones sociales o hasta en los mismos servicios de copiado y de telefonía, que la mayoría de los trabajadores mexicanos no tienen.

“Si algo se le puede criticar a este presupuesto es justamente el que no se recorta donde se debe, como es el caso de los servicios personales, donde se despilfarran muchos recursos. Por ejemplo, el Senado de la República cada año se gasta alrededor de 1 millón de pesos en copias, siendo que ya se cuenta con diversos servicios digitales”, indicó Jorge Sánchez Tello, economista de la Fundación de Estudios Financieros.

Indicó que si realmente el gobierno federal va a “apretarse el cinturón” como lo dijo el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, los funcionarios deberían comprometerse a un plan de austeridad más estricto y con reducir gastos al mínimo o incluso eliminar algunos. Agregó que se deberían evitar esos gastos hormiga como el café, papelería, servicio de telefonía o las comidas que realiza. “Este tipo de detalles podrían representar un gran ahorro cada año, pero hace falta un verdadero plan de austeridad”.

“La SHCP incrementó los impuestos en el 2014 y esa recaudación debería verse reflejada en los servicios públicos y no en nuestros servidores públicos, llámense diputados, senadores o jefes de unidad. La austeridad debe venir en este tipo de detalles”.

Para el 2017, el gobierno federal espera incrementar la recaudación en 2 billones 729 mil 300 millones de pesos; si este monto se compara con el presupuesto que se dará a servicios personales, se podría decir que alrededor de 42% de los impuestos que se pagan se va para este rubro. En tanto, la inversión sólo absorbe 20% de la recaudación tributaria.

“Es complicado que el gobierno pueda recortar la burocracia porque existe una gran parte que está sindicalizada, además para echar a andar los programas de gobierno requiere de estos recursos. Entonces, vemos que un tema pendiente es cómo lograr que el gobierno sea más eficiente con menos personal y menos recursos”, dijo José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico.

Agregó que estructuralmente en las últimas décadas se ha afectado el recorte en la inversión productiva sin tener un objetivo claro. Comentó que ve muy complicado que el gobierno federal pueda alcanzar un crecimiento mayor a 2.5%, sobre todo porque no gasta en inversión de obras públicas de calidad.

En este sentido, Leticia Armenta, economista del Tecnológico de Monterrey, recordó que al dejar de gastar en inversión o proyectos de infraestructura no se afecta sólo el año en que lo ajustas, sino que eso se traduce hasta en un lapso de cinco años.

“La inversión al final de cuentas no sólo es el efecto de hoy, vamos quedando con menor capacidad hacia delante en temas de innovación y tecnología. Francamente no creo que logremos un crecimiento más de 2.5% y con una baja en el gasto de gobierno, claramente vamos a frenar el crecimiento de la economía”.

Armenta comentó que los diputados deben hacer un trabajo muy fino para elegir los rubros de recorte con ese criterio de que no se afecte el crecimiento del país.

Finalmente, el economista Jonathan Heath indició que lo único que se hizo en la SHCP fue cambiar de persona pero no de política económica. “Las metas siguen siendo las mismas, pero creo que no vayamos a crecer ni a 2%, con Videgaray se vio una aceleración del gasto que no ayudó a crecer la economía ni a reducir la pobreza. Se les ha ido de la mano, tanto que Moody’s y S&P ya están amenazando con bajar la calificación”.
El Economista

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