
RESULTA que el Halcón 1 no solamente sirve para volar, vigilar desde las alturas, buscar personas, rescatar ciudadanos y apoyar en emergencias… al parecer, también descubrieron que puede tener funciones mucho más románticas.
Dos elementos de la Dirección de Seguridad Pública Municipal habrían sido sorprendidos protagonizando un derroche de amor a bordo del helicóptero Halcón 1, aeronave Bell 206 utilizada como herramienta operativa para labores de vigilancia aérea, búsqueda, rescate y apoyo prehospitalario.
Y aquí es donde la cosa se pone de película XXX relatado a “Sin Pelos en la lengua”
Los vidrios del helicóptero habrían terminado más empañados que los del sucio Motel Celta con su administración mal encarada, como aquel que fue a pasar la tarde junto con su negrita y se fueron caminando rumbo pa’ la lomita.
Y con comodidad se tiraron al pasto… y la Halcón se movía, se movía, se movía, teniendo su propio movimiento, tiqui-tiqui, como en la litera.
Porque una cosa es hacer vigilancia aérea y otra muy distinta es que la aeronave termine haciendo movimientos que nada tienen que ver con un operativo policial.
Ambos oficiales también demostraron que se la pelaron al “Viejón”, pues cuando uno de ellos le dijo:
—¿Cuál es el lugar que me quieres llevar para hacerme el amor?
Si con el viejo ya tuvo de todos colores, de todo sabor…
A donde la lleves, la llevó el viejón. No se te ocurra en el carro, en el mar, en la alberca o el elevador. Mucho menos la azotea, en el baño, en el cine o en el vestidor, mejor en el Bell 206 que está más acogedor…
La pregunta que queda flotando —literalmente— es:
¿El peculiar operativo fue en tierra o en el aire?
Porque si fue dentro del Halcón 1, habría que reconocer que estos elementos no solamente patrullan desde las alturas: también encontraron una nueva manera de hacer que se mueva la aeronave.
Y ya entrados en gastos, habrá que preguntarle a la DSPM:
¿Qué protocolo corresponde cuando el Halcón 1 deja de ser herramienta de vigilancia y termina convertido en escenario de un supuesto encuentro amoroso? O bien, fue “Misión cumplida”… o “¿Quién dijo miedo?” Si el amor pudo más que el reglamento, o cómo dijo Forrest Gump: “La vida es como una caja de chocolates…” nunca sabes con qué operativo te vas a encontrar.

EN la avenida Juárez, esquina con calle 29, frente a El Pasito, un negocio de reparaciones habría convertido la vía pública en una especie de extensión de su establecimiento.
El señalamiento ciudadano es directo: un locatario estaría utilizando cerca de media cuadra para apartar espacios, colocando objetos y ocupando lugares de estacionamiento que cuentan incluso con parquímetros.
El problema no sería solamente que los espacios sean utilizados para su actividad comercial, sino que esta práctica obstruiría el libre acceso de peatones y limitaría el estacionamiento para el resto de los ciudadanos, quienes tienen que buscar otro lugar mientras una sola persona aprovecha buena parte de la calle para su negocio.
Una cosa es tener un negocio y otra muy distinta es convertir la calle en estacionamiento, taller o área exclusiva de trabajo.
Los ciudadanos pagan parquímetros y cumplen con las reglas para estacionarse, en esta zona parece existir quien decidió poner sus propias reglas.
Escríbanos al correo electrónico de SIN PELOS EN LA LENGUA: [email protected]

