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CUANDO un fiscal sale a “recomendar” que la ciudadanía evite circular por ciertas carreteras porque la violencia está fuera de control, lo que está diciendo no es otra cosa que: “el Estado se rindió”. Así de claro.

La alerta del fiscal César Jáuregui sobre Aldama y el corredor hacia Ojinaga no es un acto de prevención, es una confesión pública de impotencia. Un reconocimiento oficial de que en esa región no mandan las instituciones, mandan Los Cabrera. Y si usted, ciudadano común, se atreve a transitar por ahí, el gobierno se lava las manos: “ya estaba advertido”.

¿En qué momento normalizamos que la autoridad, en lugar de garantizar la seguridad, solo nos advierta del peligro? ¿Qué sigue? ¿Que nos manden un mapa interactivo con “zonas prohibidas” del territorio estatal? Porque si seguimos esa lógica, pronto habrá más puntos vetados que caminos seguros.

El mensaje es perverso: los criminales ponen las reglas y el gobierno se limita a avisarnos. La seguridad pública, que debería ser obligación mínima del Estado, se reduce a un boletín de prensa con tintes de resignación. Mientras tanto, Ojinaga, Coyame, Manuel Benavides y Aldama se convierten en territorios ajenos, zonas liberadas donde los ciudadanos son simples visitantes en riesgo, pero nos dejan la advertencia disfrazada de consejo: “circule bajo su propio riesgo”.

LA “vieja guardia” del PAN volvió a imponer sus cartas y colocó como próximo presidente del Comité Municipal al polémico César Komaba, un personaje que arrastra un historial de declaraciones misóginas, acusaciones de corrupción e impunidad en distintos cargos públicos.

La decisión ha generado indignación en amplios sectores, pues se trata del mismo funcionario que en plena sesión de Comisiones Unidas del Municipio de Chihuahua soltó una frase que quedó marcada como una ofensa contra las mujeres:

 

– “Lo bueno de la pandemia por COVID-19 es que las mujeres tienen la boca cerrada”.

 

Ese comentario, considerado abiertamente misógino, le costó el cargo de subdirector de Gobernación en el gobierno municipal de Maru Campos. Sin embargo, lejos de quedar inhabilitado por su conducta, Komaba fue premiado más tarde: la propia gobernadora lo incorporó como director de Vialidad estatal, en medio de críticas por encubrir abusos de agentes viales y proteger a funcionarios señalados.

Con este nuevo nombramiento al frente del PAN Municipal, se confirma lo que muchos denuncian desde hace años: en la política local los escándalos no inhabilitan, premian. Y Komaba es prueba viviente de que los favores pesan más que la ética.

El hoy subsecretario de Movilidad de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal, señalado también por presuntos actos de corrupción, se perfila como el “candidato de unidad” en el partido blanquiazul, respaldado por la presidenta estatal del PAN, Daniela Álvarez, y acompañado en su destape por el senador Mario Vázquez.

CONCLUSIONES

El nombramiento de César Komaba al frente del PAN Municipal no representa renovación ni confianza ciudadana, sino la confirmación de que en la política local la impunidad y el amiguismo pesan más que la ética y la memoria colectiva. Un personaje señalado por misoginia, corrupción y encubrimiento de abusos no debería encabezar un partido que presume ser “de valores”, pero su designación muestra que en Chihuahua se sigue premiando la lealtad política por encima de la integridad.

En pocas palabras: si Komaba es la cara del PAN, el mensaje es que el pasado oscuro no solo se perdona… se recompensa.

 

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