
NADIE mejor que el PRI puede hacer esto. Crear un movimiento que mezcla espectáculo con política. Ya estaba dicho, solo había que oficializar a Tony Meléndez como una de sus cartas fuertes rumbo a la gubernatura de Chihuahua. Sí, el vocalista de Conjunto Primavera fue ovacionado directamente de Alejandro Moreno, el mismo que insiste en que el PRI está listo para dar la batalla bajo el lema de “Defensores de México”.
En Chihuahua, el nombre de Tony Meléndez no llega solo. Comparte reflector con Alejandro Domínguez, quién a estado acaparando toda la marca PRI en Chihuahua.
La jugada es clara… y arriesgada. El PRI recurre a una figura conocida, querida en el norte, con décadas sobre el escenario, para ver si esa conexión emocional se traduce en votos. Porque en tiempos donde la política se ha vuelto espectáculo, el partido parece decidido a no quedarse fuera del show.
Pero aquí viene la pregunta incómoda: ¿alcanza la fama para gobernar?
Porque una cosa es llenar bailes y otra muy distinta es llenar expectativas, y pues Tony Meléndez como legislador ha quedado a deber a Chihuahua, ha sido incapaz para trabajar a Chihuahua, ¿Oh alguien conoce algo que haya hecho el cantante por Chihuahua en material de política?
Es algo así como nuestro Sergio Mayer que solicita licencia como diputado federal para participar en La Casa de los Famosos 6 (Telemundo), y pues Tony ha abandonado también su entonces trabajo legislativo para irse a conciertos, lo que ha provocado severas polémicas.
El propio Partido Revolucionario Institucional intenta vender la narrativa de que esto es estrategia, organización interna, visión a futuro. Pero también puede leerse como lo que muchos sospechan: falta de cuadros sólidos y necesidad de recurrir a figuras mediáticas para no desaparecer del mapa.

LA Feria de Santa Rita no huele a tradición… huele a negocio redondo. Y con nombres y apellidos.
En el centro de todo aparece Santos Vasconcelos Torres, subsecretario de Seguridad Ejecutiva, policía municipal comisionado a la estatal, señalado como uno de los operadores de locales dentro de la feria junto con elementos de su propio grupo. Sí, los mismos que deberían estar enfocados en la seguridad, ahora también en la caja.
A su lado, Santiago de la Peña, secretario general de Gobierno, quien —según las acusaciones— no solo participa en la operación, sino que además tendría el control de la distribución exclusiva de cerveza dentro del evento. Una sola marca, un solo proveedor, un solo negocio… y un margen que nadie explica.
El esquema es brutal en su simpleza: se introduce la cerveza a “costo módico” y se vende dentro de la feria al precio que se les antoja. Sin competencia, sin regulación visible, sin transparencia. Un monopolio disfrazado de fiesta popular.
Pero el negocio no se queda en la bebida. También hay señalamientos sobre la renta de stands y bares a precios preferenciales, como si el acceso al negocio dependiera más de los contactos que de reglas claras. Y para cerrar el círculo, la seguridad del evento —otro jugoso contrato— quedaría en manos de una empresa privada vinculada al mismo entorno de poder.
Así, el mismo grupo presuntamente vende, renta espacios y además “cuida” el evento. Control total. Ganancia total.
La Feria de Santa Rita, que debería ser símbolo de convivencia y tradición, hoy carga con una sombra incómoda: la de convertirse en un negocio concentrado en manos de quienes, en teoría, deberían rendir cuentas.
Aquí no hay coincidencias. Hay poder… y hay dinero. Y ambos parecen bailar al mismo ritmo.
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