Todo comenzó en el Hotel Hilton de Buenos Aires que se ubica en Puerto Madero, un exclusivo barrio de oficinas y hoteles y viviendas de lujo de la capital argentina. Un día, Olivia Sievers, una azafata alemana se encontró con un perro callejero al que le dio comida y le dedicó unos minutos de su tiempo.

Cuando nos vimos le di un poco de comida y jugamos un rato. Después regresé al hotel e intenté tomar otro camino para que no me siguiera; sin embargo, fue imposible», cuenta Olivia Sievers, la afortunada dueña. Desde ese momento, cada que Rubio veía a la azafata, simplemente no se le despegaba.

En su ausencia, «Rubio» se pasaba los días afuera del hotel, esperando a la mujer. Cada que Olivia visitaba Argentina, se encontraba que el perro permanecía fiel en la puerta del hotel, esperándola. Así pasaron seis meses.

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