Tamayo había trabajado en medios locales de Veracruz, como El Piñero de la Cuenca. Bajo el nombre de En la línea del fuego daba cuenta de los crímenes que azotan este territorio infestado de zetas. En enero recibió amenazas cuando un empresario local, vinculado al cártel Jalisco Nueva Generación, entró en tratos con él para lanzar un diario. Tamayo, bajo los auspicios de la Comisión Estatal de Protección a Periodistas, fue trasladado a Tijuana para evitar represalias. Pero hace poco tiempo regresó a Veracruz.

Su periódico, en la edición digital, lo despidió así: “La indignación es nada para las exigencias de justicia que los comunicadores deseamos para este cúmulo de agresiones en territorio veracruzano. Descansa en paz, compañero Tamayo”.

Desde el año 2000 han muerto violentamente unos 90 reporteros en México. Una cifra que convierte al país en el lugar más peligroso de América para ejercer la profesión. El punto negro es Veracruz, con 16 informadores muertos desde 2010, fecha en que el gobernador Javier Duarte de Ochoa se hizo con el poder.

A diferencia de otros crímenes, en el caso de Tamayo la amenaza era pública y había activado el protocolo de seguridad. Anoche, ninguna había autoridad había ofrecido una versión oficial. Como es habitual, la víctima no trabajaba para ningún gran medio y carecía de medios para protegerse a sí mismo. El 90% de los asesinatos de periodistas en México quedan impunes.

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