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 -Ahora policías cuidan el tren
-Hoy son golpes. Mañana tragedias

EN la secundaria 3059 de la colonia Chihuahua 2000, la educación parece haberse quedado en segundo plano… porque lo que sí está en primer lugar son los golpes.

Padres de familia ya no hablan de tareas ni calificaciones, sino de pleitos constantes dentro y fuera del plantel. Lo que debería ser un espacio seguro se ha convertido en ring improvisado, donde los alumnos “resuelven” todo a trompadas. Y no es exageración: hay casos de jóvenes que han regresado a casa golpeados, incluso sin dientes.

La preocupación ya cruzó la línea del susto al miedo real. No solo son peleas, también hay reportes de estudiantes que portan navajas, elevando el riesgo a algo mucho más grave. Y mientras tanto, la violencia escala como si nadie estuviera al volante.

¿La respuesta de la escuela? Silencio institucional. Directivos que, según denuncian los padres, optan por lavarse las manos con el argumento de que “afuera no les corresponde” y que para eso están los policías. Una postura cómoda… pero peligrosa.

Porque la violencia no entiende de bardas

horarios escolares. Lo que empieza en el patio sigue en la calle, y lo que pasa en la calle regresa al aula. Ignorar eso no es una excusa, es una omisión.

HAY corporaciones que evolucionan… y otras que mutan como experimento fallido de laboratorio. La famosa Dirección de Policía Bancaria, Comercial e Institucional ya no solo cuida bancos: ahora también juega a ser niñera de trenes en plena sierra, como si el uniforme incluyera casco ferroviario y silbato de estación.

El asunto no es menor ni mucho menos inocente. De la noche a la mañana, agentes que deberían estar patrullando calles —esas donde sí pasan cosas, por cierto— terminan convertidos en escoltas de fierros con ruedas. Todo muy institucional… hasta que aparece el inevitable sospechosismo con aroma a billete fresco.

Y en medio del ruido de locomotoras, resuena un nombre: Refugio José Moreno Espinoza, alias “El Cuco”. No porque asuste, sino porque aparece cada vez que hay movimientos que nadie termina de explicar, pero muchos empiezan a contar.

La pregunta incómoda no es quién cuida el tren. La verdadera pregunta es: ¿quién está cobrando el viaje? Porque si algo queda claro es que aquí nadie se sube gratis. Mientras los policías hacen de garroteros improvisados, alguien más parece ir cómodamente en primera clase… y sin boleto visible.

Y así, entre rieles, favores y silencios bien acomodados, la seguridad pública se transforma en un servicio “multifuncional”. Hoy cuidan bancos, mañana trenes… y pasado quién sabe, quizá hasta eventos privados con paquete VIP incluido.

Porque en este estado, la línea entre proteger y servir… y servir para otros fines, cada vez parece más delgada. Y más rentable.

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