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DURANTE años, la frase más repetida en temas de seguridad fue siempre la misma: “la policía llegó tarde”. Las patrullas aparecían cuando el crimen ya había ocurrido, las víctimas ya estaban heridas y los delincuentes ya se habían ido. Las cámaras únicamente servían para ver la repetición del delito en redes sociales o para integrar carpetas de investigación que muchas veces terminaban archivadas.

Ese viejo reclamo ciudadano es precisamente lo que el modelo “Centinela”!, impulsado por la estrategia de seguridad estatal de Gilberto Loya, intenta modificar.

La apuesta no está solamente en vigilar, sino en reaccionar.

Y el caso ocurrido en la ruta Chihuahua–Cuauhtémoc deja ver por qué el gobierno estatal insiste tanto en presumir este esquema tecnológico y operativo. La secuencia resulta difícil de ignorar: se emite una alerta sobre un vehículo relacionado con un delito; minutos después, las cámaras detectan su ingreso a Cuauhtémoc; comienza el despliegue policial; diez minutos después ya estaba ubicado y, ocho minutos más tarde, existía una detención formal, droga asegurada y evidencia balística embalada.

Menos de veinte minutos.

Ahí es donde “Centinela” busca vender su principal fortaleza: no se trata solo de llenar las ciudades de cámaras, sino de convertir información en acción inmediata. Porque la tecnología por sí sola no detiene delincuentes. Una cámara únicamente observa. La diferencia aparece cuando existe coordinación regional, monitoreo permanente y capacidad de desplegar unidades en tiempo real.

Eso, guste o no, comienza a cambiar la percepción ciudadana sobre la reacción policial.

Claro, tampoco se puede caer en triunfalismos. La velocidad operativa no significa automáticamente que la violencia haya sido derrotada. Detener más rápido no necesariamente implica prevenir mejor. El reto verdadero sigue siendo reducir delitos, desmantelar estructuras criminales e investigar de fondo.

Pero políticamente, el gobierno estatal parece haber encontrado en “Centinela” su activo más rentable en materia de seguridad. Porque durante años la crítica fue que la policía siempre llegaba cuando todo había terminado.

Hoy, al menos en algunos casos, pareciera que ya está llegando mientras todavía ocurre el delito.

LA carrera por la candidatura del PAN a la alcaldía de Chihuahua comenzó a calentarse en serio y, tras la salida del ex fiscal César Jáuregui Moreno como el supuesto “puntero”, el tablero quedó completamente abierto. Ahora sí, todos juegan y todos tienen posibilidades reales.

Y en medio de esa sacudida política, quien anda acelerando fuerte es Rafa Loera. El secretario no solo se mueve, también manda mensajes directos al panismo tradicional, ese que todavía cree en la militancia, en la identidad azul y en los perfiles formados dentro del partido.

Las encuestas internas y el ambiente político lo colocan peleando la punta junto a Manque Granados, quien logró quedarse con buena parte de la estructura y simpatizantes que anteriormente respaldaban a Jáuregui. Hoy, muchos dentro del PAN ven a ambos como los únicos cuadros auténticamente panistas rumbo al 2027.

En contraste, el diputado local Alfredo Chávez parecía levantar la mano, pero terminó alineándose con Santiago De la Peña, personaje que dentro de varios sectores azules sigue siendo visto como alguien ajeno a la esencia panista.

Por eso cayó tan bien entre la militancia el mensaje de Rafa Loera cuando habló sobre los llamados “candidatos ciudadanos”. Y es que, sin mencionar nombres, dejó claro el golpe político: los verdaderos ciudadanos no nacen desde el poder ni utilizan a los partidos como trampolín personal.

La declaración sonó a pedrada con destinatario.

Loera sostuvo que no basta con ponerse la etiqueta de ciudadano en tiempos electorales para intentar construir una candidatura. Señaló que los perfiles auténticamente ciudadanos vienen de la sociedad, del trabajo comunitario, de las causas sociales y de liderazgos construidos fuera del gobierno y de las estructuras partidistas.

Ese discurso fue aplaudido por una parte importante del panismo local, especialmente por quienes rechazan la idea de convertir al PAN en un vehículo desechable para proyectos personales. En otras palabras, en Acción Nacional hay quienes todavía quieren un candidato que sienta los colores, no alguien que solo los rente por temporada electoral.

 

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