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DICEN que la política da hambre, pero también la quita. Y eso le pasó ayer jueves a Gilberto Loya, a quien vieron llegando al ‘Pampas do Sul’ después de sobrevivir otra jornada como secretario de Seguridad Pública Estatal y, de pasadita, como pre candidato a la gubernatura.

Entró con una prisa que hacía pensar que iba tras la última picaña del planeta, pero apenas puso un pie rumbo al centro de ensaladas comenzó el viacrucis… aunque de puro cariño. Saludos, apretones de mano, abrazos y uno que otro “ya es usted nuestro gallo” hicieron que el hombre se olvidara de que traía la panza vacía, no precisamente por vivir en un Estado donde la violencia nunca deja de alimentar las estadísticas, sino porque terminó lleno de felicidad y como pavorreal en temporada electoral.  Se dio un baño de popularidad que acabó pidiendo piña con canela, porque cuando los aplausos alimentan, la proteína pasa a segundo término. En resumen, alimentó más el ego que el estómago.

La lengua viperina que contó la escena, de esas que tienen más credibilidad que un detector de mentiras, confesó que primero le brincó el ojo al ver tanto escolta alrededor del restaurante brasileño; total, en Tutuaca o en Moris no andaban. Y luego casi se atraganta viendo cómo abrazaban al funcionario, casi haciendo fila para saludarlo. Pero la historia cambió de protagonista cuando a la lengua viperina le tocó servirse. Él no iba a tomarse fotos ni a repartir sonrisas; iba exclusivamente por su rib… y resultó que no tenían rib en el bufete. Pidió picaña y parecía recién desempacada de la carnicería, sin conocer siquiera el término medio; tampoco había aguacate, el plátano macho ya era especie en extinción, nomás ofrecían más pollo y cerdo en el bufete, y los postres habían sido exterminados antes de que sus chavalos alcanzaran uno. Mientras Loya salió con la autoestima por las nubes, el otro salió encabronado, convencido de que el verdadero operativo de seguridad del restaurante fue desaparecer todo lo que valía la pena comer. Eso sí, abrazos hubo de sobra… carne, esa sí andaba prófuga en el Pampas.

AHORA resulta que para lograr una de las metas de esas extrañas que tiene el comisario Julio César Salas, (quien se ha fijado por ejemplo el llegar al fin de la administración con solo 300 homicidios es decir 300 personas muertas), los policías están obligados a decomisar dos o tres motocicletas por turno, aunque no tengan facultades para ello.

En radiopasilllo se dice que la presión viene de una lideresa de la colonia Arquitectos de nombre Ana Quiroz, quien tajantemente ya le dijo al alcalde que o lo logra o va a organizar a todos los vecinos para que se pongan en su contra.

Por ello, la orden ha bajado desde los jefes a los agentes, para iniciar con puntos de revisión en todos los distritos sobre avenidas de mayor concurrencia, haciendo énfasis en la revisión de motocicletas, y si no cuentan con placas o se encuentra alterada la serie la orden es de plano asegurarlas, con la indicación expresa de “mínimo una o dos motocicletas aseguradas por turno, ya sea por falta o delito”.

Sin embargo, se les olvida que asegurar la moto por falta de placas, equivale a infracción y no es competencia de la DSPM sino de la Subdirección de Vialidad. Qué tal.

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