Noticias de Chihuahua.- EN el PAN de Chihuahua parece que ya encontraron la fórmula para curar las heridas internas: una fotografía, una sonrisa de oreja a oreja y, si es necesario, tragarse el orgullo sin hacer gestos. Porque de aquí al sábado, cuando se reúna el Consejo Político Estatal, la consigna que se comenta entre los panistas es sencilla: todos felices, todos abrazados y todos con Santiago de la Peña. Aunque algunos tengan que sonreír como si les estuvieran practicando una endodoncia sin anestesia.
El Consejo celebrará una sesión extraordinaria y, en medio de los movimientos rumbo a la elección municipal de 2027, el nombre del secretario general de Gobierno vuelve a provocar comezón entre los blanquiazules.
No es para menos. Militantes ya salieron a protestar frente al Comité Municipal del PAN, sobre la avenida Ocampo, con pancartas contra el dedazo y la posible imposición de Santiago de la Peña, a quien le reprochan su pasado priista y señalan por presuntas prácticas autoritarias.
Pero ahora, según versiones que circulan en el ambiente político, la receta para evitar otro espectáculo de inconformidad sería bastante peculiar: sentar a los aspirantes con Santiago, conseguir la fotografía del abrazo y subirla a redes sociales antes del sábado.
¡Qué maravilla de democracia interna! Antes se necesitaban votos, consensos y convencimiento. Ahora, aparentemente, basta una buena cámara, iluminación favorable y un montón de políticos fingiendo que se quieren.
La intención que se comenta es llegar al Consejo con todo planchado, sin gritos, sin pancartas y, sobre todo, sin militantes incómodos que arruinen la fiesta de la supuesta unidad.
Y aquí viene lo sabroso: quienes aspiraban a encabezar el proyecto municipal podrían terminar apareciendo sonrientes junto al mismo personaje cuya eventual candidatura ha generado resistencia. De adversarios políticos a compañeros de fotografía, sin necesidad de pasar por las urnas.
Claro, una fotografía no demuestra por sí sola que exista un acuerdo, mucho menos una imposición. Pero si las imágenes comienzan a desfilar como catálogo de bodas políticas, será inevitable preguntarse quién convenció a quién, qué negociaron y por qué tanta urgencia por presumir unidad.
Porque una cosa es construir consensos y otra muy distinta es querer vender como reconciliación lo que podría ser una operación para apagar las protestas antes de que vuelvan a encenderse.
El sábado podría terminar siendo una ceremonia con el pastel ya repartido, donde los consejeros lleguen únicamente a poner las velitas y cantar las mañanitas al elegido.

