
HACE casi seis años, Alan Jesús Falomir Sáenz anunció que se unía a la campaña de la entonces candidata panista, Maru Campos. En aquel momento era diputado federal, exregidor y exdirigente local de Movimiento Ciudadano (MC).
Ahora, nuevamente se suma al proyecto del virtual candidato panista a la gubernatura, Marco Bonilla, y nada menos que como uno de sus coordinadores de campaña en la capital.
A Sin Pelos en la Lengua llegó la versión, aunque hasta el momento no ha sido confirmada de manera oficial. Con ello, “El Cabrito” se baja de la competencia, encabronado porque no recibió el apoyo “oficial”. Otro que, según me dicen, también se baja de la búsqueda de la candidatura panista es Jesús Valenciano, quien igualmente se integrará como coordinador de Marco Bonilla en su zona. A Gil Loya, por su parte, ya le pidieron que se bajara antes del informe de Bonilla, programado para el 4 de septiembre. Renegó un poco, pero ya anda viendo qué “huesillo” le toca.
Con estos movimientos, prácticamente queda definido que el alcalde de Chihuahua es el elegido para representar al PAN en la contienda por la gubernatura, un escenario que vuelve a demostrar que, en política, las convicciones suelen cambiar al mismo ritmo que las oportunidades. Y eso que, hasta hace no mucho, Bonilla no era precisamente el candidato “oficial”.
Y para la alcaldía de Chihuahua, Alfredo Chávez también habría decidido bajarse de la contienda para acomodarse en el equipo del no panista Santiago de la Peña, el aspirante que muchos dentro del propio PAN califican como “el candidato oficial”. La apuesta podría salir cara: si termina siendo el elegido, el partido corre el riesgo de fracturarse desde adentro. Los panistas de la vieja guardia ya comienzan a mostrar señales de inconformidad y no faltan quienes hablan de protestas e, incluso, de una rebelión interna si llega Santiago, aunque lo quieran mucho allá, donde fue fusilado el Padre de la Patria.
Y si de campañas apagadas se trata, César Jáuregui ni de broma será el candidato. Trae varias investigaciones abiertas y una aspiración que simplemente no prende. Cada día luce más lejos de la competencia y, por cierto, ya debería dejar de soltar lana a sus aplaudidores en redes sociales y demás plataformas.
Hay quienes, con más sarcasmo que piedad, aseguran que Jáuregui tendría más éxito regresando de tiempo completo a su negocio de mariscos, donde un buen aguachile despierta más entusiasmo que cualquier discurso político. Un “levantamuertos” de El Chino, dicen, le serviría más que cualquier estrategia electoral.
Por el lado de Manque Granados, tampoco parece haber prisa por conectar con el electorado. Mientras presume fotografías en un tren panorámico de lujo y mantiene perfiles que parecen congelados desde la pandemia, su estrategia digital se resume en pleitos con Morena y publicaciones que generan más bostezos que reacciones. En una contienda donde debería destacar como la única mujer con aspiraciones reales, pareciera que decidió viajar en primera clase… pero rumbo a la irrelevancia. Le urge cambiar de equipo de estrategia electoral, y dejar la confrontación que tiene harto al electorado, y mostrarse como la única mujer que puede legar a ocupar ese puesto.
A este paso, la verdadera oposición del PAN no está en Morena. Está sentada en la mesa de al lado, disputándose el mismo pastel antes de que siquiera empiece la elección.


YA que estamos en temas electorales, hay un detalle que varios aspirantes parecen haber pasado por alto: el cuidado de la niñez. En la desesperación por proyectar cercanía con la gente, algunos candidatos han llenado sus redes sociales y propaganda con fotografías donde aparecen menores de edad con el rostro completamente visible, sin que exista evidencia de que cuenten con la autorización correspondiente de sus padres o tutores.
No se trata de un asunto menor ni de un simple tecnicismo. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ha sido claro al establecer que los menores pueden aparecer en propaganda electoral únicamente cuando se protege su identidad o, en caso de que sean identificables, exista consentimiento expreso y por escrito de quienes ejercen la patria potestad, además de garantizar en todo momento el interés superior de la niñez.
Sin embargo, pareciera que algunos de los que hoy buscan gobernar prefieren sumar un “like” o una fotografía emotiva antes que respetar las reglas y los derechos de los niños. Resulta contradictorio que quienes prometen hacer cumplir la ley sean los primeros en actuar con descuido cuando se trata de proteger a los menores.
Si desde una campaña política no son capaces de respetar disposiciones tan elementales.
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