
EL desplazamiento forzado sigue dejando una profunda herida en la Sierra Tarahumara. Decenas de familias del municipio de Moris han tenido que abandonar sus hogares a causa de la violencia, la presencia de grupos del crimen organizado y el despojo de sus tierras, refugiándose principalmente en Chihuahua capital y Cuauhtémoc para proteger su vida.
Aunque el Gobierno del Estado ha informado que, a través de instancias como la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAVE), brinda asistencia humanitaria, apoyo psicológico, registro de víctimas y programas temporales de alimentación y albergue, la realidad que viven muchas de estas familias dista de reflejar una solución definitiva.
La muestra más evidente es que las propias familias desplazadas hicieron público un llamado a la presidenta Claudia Sheinbaum y a la gobernadora Maru Campos para solicitar un programa de vivienda que les permita reconstruir sus vidas. En una carta denunciaron que, tras más de un año fuera de sus comunidades, continúan sin una vivienda digna, sin patrimonio y sin condiciones para regresar a Moris debido a la inseguridad.
Los afectados aseguran que ya acudieron a diversas dependencias estatales sin obtener respuestas concretas y sostienen que no buscan privilegios, sino el derecho a vivir con seguridad y dignidad. También denunciaron que existen viviendas que podrían destinarse a personas desplazadas, pero hasta ahora no han encontrado una solución por parte de las autoridades.
La existencia de programas de apoyo pierde fuerza cuando las víctimas tienen que recurrir a cartas públicas, protestas y llamados a las máximas autoridades del país para ser escuchadas. Si las familias desplazadas deben exhibir su tragedia para llamar la atención del gobierno, queda en evidencia que la respuesta institucional ha sido insuficiente. El desplazamiento forzado no termina cuando una familia abandona su comunidad; continúa mientras siga sin hogar, sin certeza y esperando una solución que, hasta ahora, no ha llegado.

VECINOS de los alrededores de la colonia Ávalos denunciaron el deplorable estado en el que quedan los campos de fútbol, luego de que decenas de personas abandonaran botellas de cerveza y otros desechos tras reunirse los fines de semana.
A través de un video, los habitantes exhibieron cómo el área deportiva terminó cubierta de envases, reflejando una preocupante falta de cultura cívica entre quienes utilizan el espacio público. Aunque señalan que también había latas de aluminio, estas fueron retiradas rápidamente por personas que las recolectan para venderlas, dejando principalmente las botellas de vidrio esparcidas por el lugar.
Los vecinos lamentaron que, además de la basura, el problema agrava la imagen de una colonia que desde hace tiempo enfrenta diversas carencias. Advirtieron que los campos son utilizados por familias y niños, por lo que la presencia de botellas representa un riesgo de accidentes, especialmente si alguna llega a romperse.
Más allá del llamado a los aficionados para que recojan sus desperdicios, la situación vuelve a evidenciar la ausencia de vigilancia y de acciones por parte de las autoridades para cuidar los espacios públicos. Mantener limpia la ciudad no puede depender únicamente de la buena voluntad de unos cuantos cuando el abandono institucional y la falta de sanciones permiten que estas escenas se repitan una y otra vez.

