
EN el PAN chihuahuense parece haberse instalado una discusión que gira alrededor de nombres, acuerdos y posibles declinaciones rumbo al 2027 y una de las apuestas más comentadas es una eventual mancuerna entre Marco Bonilla y Gilberto Loya. La idea sería simple: Bonilla buscaría la gubernatura y Loya iría por la Presidencia Municipal, pero no de Ciudad Juárez si no de Chihuahua, pues es la que tienen ganada.
El problema es que el secretario de Seguridad Pública no parece dispuesto a cambiar de carril. Con estructura propia, operadores trabajando en todo el estado y una campaña de posicionamiento que avanza desde hace meses, Loya dejó claro que sigue firme en la pelea por la candidatura a gobernador.
Su respuesta fue directa: no se baja.
Y es que dentro del PAN saben que una competencia interna entre ambos podría dividir fuerzas cuando Morena ya afina su estrategia para intentar arrebatarles el estado. Por eso algunos grupos impulsan un acuerdo que evite una confrontación interna.
Mientras tanto, la alcaldía de Chihuahua sigue siendo una posición atractiva para Acción Nacional, principalmente porque no se observan perfiles fuertes ni en el PAN ni en Morena que puedan garantizar una contienda de alto nivel.
Por ahora, la mancuerna Bonilla-Loya sigue siendo más un deseo de algunos estrategas panistas que una realidad política, pero las declaraciones de Loya han dejado claro que no se baja de la contienda también envían un mensaje: tiene con qué negociar y tiene con qué competir. Nadie invierte tiempo, recursos y capital político para retirarse tan fácilmente.
Porque si algo queda claro, es que separados pueden ser competitivos, pero juntos serían mucho más difíciles de derrotar.

MIENTRAS en Chihuahua los aspirantes de Morena ya afilan discursos, recorren municipios y miden fuerzas, la dirigencia nacional decidió que la encuesta que definirá al perfil rumbo al 2027 tendrá que esperar hasta que termine el Mundial de Futbol. La explicación oficial es que buscan una mayor efectividad en el levantamiento, pero en la política pocas veces las coincidencias son casualidad.
La realidad es que el partido guinda necesita tiempo. Tiempo para enfriar ánimos, evitar fracturas y mantener bajo control una competencia que ya tiene nombres, grupos y proyectos enfrentados. En Chihuahua, la disputa entre Cruz Pérez Cuéllar, Andrea Chávez y Martín Chaparro apenas comienza, y una encuesta inmediata podría dejar heridas difíciles de cerrar.
Posponer la medición también permite que cada aspirante siga construyendo presencia, pero bajo una regla clara: todos deberán firmar compromisos para respetar el resultado. Morena sabe que ganar la encuesta será importante, pero evitar una ruptura interna podría ser todavía más importante.
El problema es que mientras el partido espera que ruede el balón, la sucesión sigue avanzando.
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