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HAY decisiones que no necesitan mayor análisis para revelar la magnitud de su absurdo.

Y es que en la Secretaria de Seguridad Pública Estatal (SSPE) se anuncia con bombo y platillo el despliegue de 100 elementos policiales hacia Ciudad Juárez para resguardar la Torre Centinela.

La realidad detrás del anuncio es tan inverosímil que parecería guión de comedia, si no fuera porque se trata de seguridad pública: los elementos enviados a tan “delicado servicio” serán, en buena parte, personal desarmado. Policías inhabilitados para portar arma por procesos de C3, por señalamientos de Control Interno, o simplemente porque alguna “bronquilla” burocrática los dejó en ese limbo institucional. A ellos se suman elementos con restricciones médicas —algunos con bastón, algunos con prótesis, algunos con limitaciones físicas severas— cuyo único requisito para el puesto será, literalmente, poder aguantar más de cinco horas parados en una caseta.

Ellos mismos denuncian a Sin Pelos en la Lengua que buscan asignar el turno según “la restricción de cada elemento”. Es decir, se diseña un operativo de seguridad no con base en las necesidades del servicio, sino en función de lo que cada quien todavía puede hacer a pesar de sus limitaciones. Se ha convertido a la policía estatal en una agencia de recolocación de personal inhabilitado.

Y mientras esto ocurre en Juárez, en la capital del estado no se pueden completar ni diez elementos para cubrir los turnos ordinarios de día y noche. Chihuahua, la ciudad, descubierta. Juárez, cubierta por guardias de seguridad privada con escudo institucional.

La pregunta que nadie quiere responder es la más elemental: ¿cómo se traslada a decenas de elementos con restricciones físicas, con prótesis, con movilidad reducida, a una operación fuera de su sede? ¿Quién cubre los gastos? ¿Quién responde si algo sale mal? ¿Quién responde, de hecho, por dejar sin cobertura real a Chihuahua capital?

Pero hay una pregunta aún más urgente, porque las consecuencias rebasan lo local:

¿Esta es la seguridad que se le ofrecerá a la CIA, al FBI, a la DEA y a los delegados extranjeros que visiten el estado?

Porque si la respuesta es sí, entonces el daño no es solo operativo, es diplomático e institucional.  Eso no es certificación. Eso es escenografía.

La Torre Centinela merece centinelas. No papel con sello oficial.

SIMPATIZANTES y empleados del Congreso, tanto de Morena como del PAN, y hasta del Municipio llenaron ayer miércoles el espacio del público en el salón de plenos para gritar consignas tanto a favor como en contra de un partido y otro. Primero llegó Morena y luego el PAN para llenar los espacios y estar listos para participar en la presentación de los exhortos tanto para que se explicara el tema del Pinal y los agentes de la CIA en la entidad, como la solicitud de licencia para la gobernadora María Eugenia Campos, y de paso que se extradite de una vez por todas al gobernador con licencia Rubén Rocha Moya.

En el pleno, armados con lonas, Morena y el PAN subieron al pleno para hablar cada quien a lo suyo, lo que era respondido con gritos de “morenarcos” y “fuera Maru”.

Lo chistoso fue que a diferencia de manifestantes “normales” los de hoy se callaban de inmediato cuando el presidente del Congreso Guillermo Ramírez llamaba al orden.

Así, entre gritos, y luego de no haber hecho simulacro hoy nada más por la sesión, los empleados incluso iban contra las normas de Protección Civil, al sobrepasar el aforo y tapar las salidas, ante la inmovilidad de los elementos de seguridad.

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