Esta mujer robusta de 36 años es madre de dos hijos y vive de una tienda de comestibles en Jujúcato, un pueblo de menos de 300 habitantes aledaño a Uruapan, considerada la capital mundial del aguacate, en el estado de Michoacán.

A mil 900 metros sobre el nivel del mar, Jujúcato está rodeada de hileras de montañas que, incluso a gran distancia, se ven carcomidas por los arbustos del fruto verde.

Ante la falta de pinos, cada año Liliana siente «más calor», pero lo que más le preocupa a ella, al maestro de la escuela local y a los investigadores son las posibles consecuencias para la salud de los agroquímicos utilizados para producir aguacate en los bosques altos.

«La estornudadera no para cuando fumigan», cuenta.

El panorama es alarmante. Unas 137 mil hectáreas de Michoacán están destinadas al aguacate, de acuerdo con cifras del gobierno estatal. La mitad en áreas de bosques vendidas con artilugios legales, sostiene Jaime Navia, titular de la ONG Grupo Interdisciplinario de Tecnología Rural Apropiada (GIRA).

La tasa anual de deforestación es de 2.5 por ciento, de acuerdo con GIRA.

El cultivo del aguacate tuvo su primer «boom» en la década de 1970, pero comenzó a expandirse sin control en los bosques a partir de 2000, según Navia.

Las cifras de la secretaría de Economía indican que desde 2003 la demanda de ese fruto en Estados Unidos y otros países ha crecido de forma constante.

De las variaciones de esta especie arbórea originaria del centro de México, la favorita es la Hass, creada por un agricultor en California, Estados Unidos, en la década de 1920 pero que se cultiva con mucha más facilidad en este país latinoamericano.

En 2003 el valor de las exportaciones a ese país de este «oro verde», repleto de vitaminas, proteínas y ácidos grasos, fue de 58.8 millones de dólares, pero para 2015 esa cifra alcanzó los mil 528 millones de dólares. En tanto que las ventas a Japón pasaron de 40 millones de dólares a 106 millones de dólares.

Hace unas semanas, parte de los agricultores detuvo por un par de días el embalaje del aguacate en protesta por los precios que fijaron los empacadores en esta temporada y que oscila entre 1.8 y 2.6 dólares el kilo de aguacate, lo que tuvo un alto impacto en la oferta en Estados Unidos.

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