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MIENTRAS en Chihuahua la violencia no pide permiso y los delincuentes siguen haciendo de las suyas, el famoso grupo SWAT estatal estaría prácticamente congelado, guardado en vitrina y operando bajo una lógica digna de burócratas en temporada electoral: “mejor no hagan nada para que nadie se meta en problemas”.

Según trascendió al interior de la corporación, la orden habría salido de Luis Aguirre, subsecretario de Estado Mayor de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSPE), alias “El Niño de Oro”, quien prefirió poner a sus elementos en modo “stand by” antes que arriesgar su futuro político-administrativo. La prioridad ya no sería la seguridad de los chihuahuenses, sino cuidar la imagen del supuesto aspirante a quedarse con la silla principal de la SSPE cuando Gilberto Loya abandone el barco para irse de lleno a la grilla panista.

Porque claro, en Chihuahua ahora la estrategia de seguridad parecería funcionar así: si los policías no trabajan, no se equivocan; si no se equivocan, no generan escándalos; y si no generan escándalos, los jefes pueden seguir escalando posiciones. Una joya de lógica institucional en un estado donde la delincuencia no descansa ni los fines de semana.

El problema es que mientras arriba juegan al ajedrez político, abajo la realidad revienta. Tener a un grupo táctico cruzado de brazos para proteger aspiraciones personales manda un mensaje peligroso: la seguridad pública dejó de ser prioridad y se convirtió en simple trampolín electoral. Y cuando las corporaciones comienzan a cuidar más carreras políticas que calles, el ciudadano termina pagando la factura.

MIENTRAS Chihuahua sigue atrapado entre balaceras, crisis de seguridad y promesas recicladas, en la SSPE parece que algunos altos mandos andan más preocupados por afinar la coreografía que por afinar estrategias contra el crimen. Y quien volvió a robar reflectores fue Ricardo Realivázquez Domínguez, subsecretario de Despliegue Policial, que aprovechó el festejo del Día de las Madres para sacar nuevamente los “pasitos prohibidos” frente a personal de la corporación.

La celebración tuvo de todo: comida, regalos, música, ambiente de feria… y hasta striptease. Sí, porque al parecer en ciertas oficinas de seguridad pública ya no queda claro si están organizando operativos o despedidas de soltero.

Lo más llamativo es que Realivázquez también figuraba entre los nombres que sonaban para relevar a Gilberto Loya al frente de la SSPE. Pero según versiones internas, la balanza terminó inclinándose hacia Luis Aguirre y su supuesta “preparación académica”. Traducido al lenguaje político local: unos presumen currículum, otros ritmo, pero al final todos estaban formados para la misma silla.

Y así, entre bailes, grilla y espectáculos improvisados, la seguridad pública de Chihuahua parece cada vez más una competencia de popularidad que una institución enfocada en combatir la violencia. Porque mientras los ciudadanos esperan resultados, arriba siguen entretenidos decidiendo quién se queda con el escenario.

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