
MIENTRAS miles de familias en Chihuahua siguen batallando todos los días con la falta de agua, almacenando en tambos lo poco que cae por unas horas o esperando de madrugada para alcanzar presión en las llaves, en la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS) de Chihuahua parece haber prioridades muy distintas.
Vecinos de distintas colonias llevan meses denunciando cortes constantes, baja presión y horarios limitados para realizar actividades básicas como lavar ropa, cocinar, bañarse o simplemente llenar recipientes para sobrevivir durante el día. Pero mientras la ciudadanía se las ingenia para soportar la escasez, el director ejecutivo de la JMAS, Alan Falomir Sáenz, conocido en la política local como “El Cabrito”, vuelve a estar en medio de la polémica.
Y es que según denuncias acompañadas de imágenes, maquinaria y herramientas oficiales de la dependencia habrían sido utilizadas para trabajos en un predio privado ubicado sobre la calle Gomia, casi esquina con avenida Dostoyevski, al norte de la ciudad. El terreno, donde durante años permaneció instalada una antena de telefonía celular, comenzó recientemente a ser desmantelado.
Lo que desató la molestia fue que el mismo compresor con rotomartillo —también conocido como martillo neumático— que previamente fue señalado por participar en “la zanja de la controversia” contra Morena, apareció nuevamente realizando labores particulares. En las imágenes difundidas por Sin Pelos en la Lengua se aprecia una unidad oficial de la JMAS con número económico JM343 remolcando el compresor utilizado para derribar un cuarto dentro del predio privado.
Pero eso no fue todo. También un trascabo observado en las labores habría sido empleado para los trabajos de demolición dentro del terreno. Todo esto mientras cientos de familias siguen esperando soluciones reales a la crisis del agua que golpea a varias colonias de Chihuahua.
La crítica hacia Alan Falomir no solamente crece por el presunto uso de recursos públicos en asuntos privados, sino también por la percepción ciudadana de abandono. Habitantes aseguran que hay sectores completos donde la JMAS prácticamente desapareció, salvo cuando toca cobrar recibos o anunciar obras mediáticas que pocas veces solucionan el problema de fondo.
Incluso dentro del ambiente político ya circula la versión de que “El Cabrito” evita acercarse a muchas colonias populares porque el enojo de la gente por la falta de agua ya es imposible de ocultar. Vecinos señalan que mientras ellos sobreviven con horarios reducidos para almacenar agua, en la dependencia parecen tener tiempo y maquinaria suficiente para atender trabajos fuera de sus responsabilidades.
Ahora las preguntas apuntan directamente a la JMAS: ¿Quién autorizó el uso del compresor y maquinaria oficial en un predio privado? ¿Bajo qué contrato o justificación se realizaron esos trabajos? ¿Y por qué hay equipo disponible para demoliciones particulares mientras las fugas, cortes y problemas de abasto siguen sin resolverse en gran parte de la ciudad?

PUES en Chihuahua ya ni disimulan. Mientras al ciudadano común lo tumban al suelo por cualquier falta menor, hay personajes que pueden hacer lo que quieran, golpear policías, insultar elementos y todavía salir como si fueran los dueños del estado. Lo ocurrido la madrugada del 24 de mayo en el Palenque de la Feria de Santa Rita dejó una imagen vergonzosa para la autoridad y todavía peor para una corporación que terminó exhibida frente a todos.
Según lo denunciado por elementos presentes, el empresario Otto Stege, conocido por ser dueño del Autódromo Francisco Villa, de una empresa refresquera y de otros negocios, simplemente decidió que él no iba a salir por donde todos los demás mortales estaban saliendo. Quiso abandonar el lugar por un acceso restringido y, cuando los elementos del jefe Cuco, Refugio Moreno, director de la Policía Bancaria de la SSPE le marcaron el alto y le pidieron seguir el protocolo como cualquier asistente, el asunto explotó.
Lejos de acatar indicaciones, aseguran que el empresario reaccionó repartiendo golpes contra los policías que intentaban impedirle el paso. Los mismos agentes tuvieron que someterlo mientras el personaje lanzaba insultos y amenazas a gritos. Testigos aseguran que vociferaba “¿Dónde está Cuco?” y que “se los iba a chingar a todos”, en un espectáculo que parecía más una escena de cantina de madrugada que un operativo de seguridad dentro de una feria familiar.
Pero el verdadero circo apenas venía. Cuando los elementos intentaban actuar conforme al reglamento y proceder legalmente, apareció la orden que terminó por hundir cualquier intento de autoridad. El inspector Andrew y Miguel Vázquez Cuéllar, señalado por los propios elementos como “el inspector de mentiritas”, habrían gritado frente a todos: “¡Suéltenlo, no saben quién es, para qué se meten en pedos!”. Así, de un plumazo, el trabajo de los policías quedó reducido a nada.
El mensaje fue brutal para la tropa: hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Si tienes dinero, influencias o amistades pesadas, puedes brincar accesos, golpear elementos, amenazar corporaciones y todavía irte burlándote de quienes portan un uniforme. Mientras tanto, el policía raso tiene que agachar la cabeza, tragarse la humillación y obedecer órdenes aunque eso destruya por completo la poca credibilidad que le queda a la corporación.
La indignación creció entre los propios elementos de seguridad, quienes aseguran estar cansados de ser usados solamente como guardias decorativos mientras los mandos protegen a personajes influyentes. La queja ya no es únicamente por el incidente del Palenque, sino por una estructura donde, según denuncian, muchos superiores están más interesados en quedar bien con empresarios y “hacer dinero” que en respaldar a su gente o aplicar la ley parejo.
Ahora la presión cae directamente sobre el Subsecretario de Despliegue Policial, Ricardo Realivázquez, a quien le exigen revisar el actuar de los mandos y aclarar si en Chihuahua todavía existe autoridad o si todo depende del apellido, las amistades y la cartera del involucrado. Porque mientras a unos los esposan por mucho menos, otros parecen tener permiso para convertir un operativo de seguridad en un auténtico espectáculo de impunidad.
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