
“THRILLER” es una canción interpretada por Michael Jackson hace más de 40 años. Una pieza que, pese a su temática de misterio, terror y violencia, terminó convirtiéndose en un clásico mundial, con zombis, monstruos y aquella inolvidable bestia de cuatro patas que, al menos en la canción, parecía imposible de detener.
Digan que qué mamón, pero hay quienes ya encuentran ciertas similitudes entre aquella historia de muertos vivientes y las hazañas políticas del exfiscal general del Estado, César Jáuregui Moreno. Porque si algo ha demostrado el personaje es que podrá morir políticamente, desaparecer de los reflectores, perder aliados, quitar espectaculares y hasta recibir el certificado de defunción electoral… pero siempre encuentra la manera de regresar.
En esta novela política, Jáuregui Moreno murió en abril de 2026, cuando presentó su renuncia irrevocable al cargo de Fiscal General del Estado de Chihuahua, en medio del escándalo político y de investigaciones relacionadas con presuntas omisiones institucionales por la participación no autorizada de agentes extranjeros de la CIA en un operativo de seguridad.
Ahí terminó, aparentemente, la historia.
Después vino el silencio. Jáuregui se escondió del reflector y hasta comenzaron a desaparecer algunos de los espectaculares que durante meses lo habían apuntalado como uno de los principales aspirantes panistas a la gubernatura. Parecía que alguien había apagado la música de “Thriller”, cerrado el ataúd y echado tres paladas de tierra.
Pero no.
Dos meses después, como buen personaje de película de terror que se niega a aceptar que la función terminó, apareció nuevamente.
“Estoy aquí como siempre he estado; yo he decidido servir a Chihuahua toda mi vida, esa decisión sigue firme”, sentenció.
Y ahí estaba otra vez: el zombie político.
Pero la política, como el cementerio, tiene muchas puertas de salida y pocas de entrada. Jáuregui volvió a morir políticamente cuando su propio partido comenzó a darle la espalda y su equipo empezó a desmoronarse.
Los que ayer caminaban detrás de él comenzaron a caminar hacia otro lado.
Alfredo Chávez, Nancy “La China” Frías, Manque Granados y otros personajes que formaban parte de su entorno terminaron acomodándose en el banco del llamado candidato oficial, Santiago de la Peña.
Y es que si algo tiene seguro la capital del Estado es otro gobierno panista, y muchos se quedarían sin jale.

Y así, uno por uno, los supuestos leales fueron descubriendo que la lealtad política dura exactamente lo que dura una candidatura con posibilidades.
Nada personal. Es política. Y en política, hasta Judas pide una posición en la planilla.

Jáuregui parecía nuevamente liquidado. Sin estructura, sin varios de sus principales operadores y con un partido que parecía inclinar la balanza hacia Santiago de la Peña, el exfiscal tenía todos los ingredientes para convertirse en recuerdo.
Pero entonces ocurrió algo interesante.
El Comité Ejecutivo Nacional del PAN anunció que el método para elegir a sus candidatos rumbo a 2027 será mediante un proceso de elección interna.
Nada de “dedazo”.
Y ahí fue donde el muerto abrió los ojos.
Porque para Jáuregui, una elección interna cambia completamente el juego. Ya no se trata solamente de quién tiene el respaldo de las cúpulas, quién aparece en más fotografías oficiales, o le levantan la mano en cada evento oficial.
Se trata de votos.
Y ahí el exfiscal encontró nuevamente oxígeno.
Con seguridad, Jáuregui sostuvo que el Comité Ejecutivo Nacional del PAN no estaría de acuerdo con una imposición desde el ámbito estatal y dejó clara la película que quiere protagonizar:
Santiago o él. Pero que lo decida la militancia.
Nada de elegir al candidato en una oficina con café, galletitas y tres personas levantando la mano.
Que haya pelea.
Que haya votos.
Que se abra la urna.
Que se cuenten los muertos.
Porque si algo tiene esta historia es precisamente eso: muertos políticos.
Y muchos.
Jáuregui está haciendo su propio “Thriller” panista. Primero fue el fiscal poderoso. Después, el renunciado. Luego, el desaparecido. Más tarde, el candidato dado por muerto. Después, el político traicionado.
Y ahora pretende regresar convertido en la criatura final.
La bestia de cuatro patas.
El monstruo que nadie pudo enterrar.
El problema para quienes ya habían repartido sus huesos es que el muerto parece estar respirando otra vez.

La encuesta de Rubrum fue realizada mediante 600 levantamientos vía telefónica, de manera automática y aleatoria, en el municipio de Chihuahua, con fecha de levantamiento del 17 de agosto de 2026.
Y quizá lo más divertido de todo es que aquellos que ya estaban celebrando su funeral ahora tendrán que revisar si todavía tienen la invitación al velorio.
Porque en esta película nadie sabe quién terminará siendo el monstruo, quién será el zombie y quién acabará corriendo despavorido por el pasillo.
Lo único seguro es que Jáuregui, contra todo pronóstico, volvió a levantarse.
Y ahora quiere una elección.
Los que lo daban por muerto ya comenzaron a mirar hacia atrás.
Por si acaso.
Porque cuando suena “Thriller”, uno nunca sabe quién va a salir de la tumba.

La agencia encuestadora Vernier ha publicado los resultados de su más reciente estudio de opinión, detallado en el documento Vernier Municipal Agosto.pdf, el cual mide las preferencias electorales para la Presidencia Municipal de Chihuahua de cara al proceso de 2027. La encuesta, elaborada el 18 de agosto de 2026, revela que el Partido Acción Nacional (PAN) mantiene una ventaja considerable frente a la oposición en la capital del estado.

CINCO días después de que Andrés Manuel López Beltrán hiciera público que Estados Unidos le retiró la visa, la bancada del Partido del Trabajo en la Cámara de Diputados decidió sacar el escudo y ponerse delante del hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador. El argumento: nadie puede ser acusado de actos indebidos sin pruebas y debe respetarse la presunción de inocencia.
Entre los integrantes de la bancada petista que respaldan esta postura se encuentra Lilia Aguilar Gil, dirigente estatal del PT y diputada federal por Chihuahua. Su presencia coloca al estado en medio de una discusión que, más que defender los intereses de los chihuahuenses, parece estar girando alrededor de una figura nacional del obradorismo.
No se trata de cuestionar que Aguilar Gil defienda la presunción de inocencia. Al contrario: ese principio debe defenderse siempre. Lo verdaderamente cuestionable es que los partidos políticos suelen descubrirlo con una velocidad extraordinaria cuando el señalado pertenece a su círculo de aliados. La política mexicana tiene esa curiosa costumbre: cuando el apellido es López, la discusión se convierte en soberanía; cuando el apellido pertenece al

