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¡A Cruz Pérez Cuéllar le dieron el volante de Morena en Chihuahua, pero varios de sus operadores políticos parecen haber decidido viajar en otro camión con rumbo a Ciudad Juárez! La salida de Luis Daniel López, encargado de la estructura territorial estatal, junto con reportes de renuncias de seis de los nueve enlaces distritales federales, exhibe las fracturas internas del partido guinda, mientras el equipo de Andrea Chávez recibe nuevos respaldos, entre ellos entre ellos Ana Karen Ávalos, del Distrito 08 de Chihuahua; Jessica Terrazas, del 06; Marco Antonio Burciaga, del 05 de Delicias, y Zeus Rascón, del 07 de Cuauhtémoc.

Y es que todos estan identificados como cercanos a la dirigente estatal Brighite Granados, quién anunció que deja su responsabilidad para incorporarse al proyecto político de Andrea Chávez en Ciudad Juárez. Así mismo más enlaces distritales también habrían tomado ese camino, aunque todavía faltan detalles públicos sobre cada renuncia.

El movimiento ocurre después de que Cruz fuera designado coordinador estatal de la 4T y Andrea recibiera la coordinación municipal de Ciudad Juárez, en medio de una disputa interna que todavía no termina de resolverse.

Y aquí aparece una pregunta que podría convertirse en el dolor de cabeza de Morena: ¿qué pasaría si los simpatizantes de Andrea respaldaran su proyecto municipal, pero no acompañaran a Cruz en la elección para gobernador?

Ese escenario de voto cruzado es, por ahora, una hipótesis política. Sin embargo, las renuncias ponen sobre la mesa un problema concreto: cómo reconstruir una estructura partidista cuando algunos de sus operadores prefieren trabajar con otro liderazgo.

El sarcasmo de esta novela guinda es que Morena habla de unidad mientras sus equipos hacen mudanza. Cruz tiene el nombramiento estatal, Andrea suma operadores en Juárez y Brighite Granados aparece en medio de los cuestionamientos sobre el futuro de la dirigencia.

Porque en Morena la transformación sigue, pero por lo visto algunos ya transformaron hasta su domicilio político.

Y mientras se acomodan las piezas rumbo a 2027, este es el comienzo de una división que terminará reflejándose en las urnas. Voto Cruzado.

EL PAN en Chihuahua está tan dividido que ya no necesita oposición: sus propios militantes se están encargando de hacerlo pedazos. Y mañana sábado 7 de noviembre, durante la sesión extraordinaria del Consejo Estatal, el equipo de Marco Bonilla tendrá que sacar músculo, juntar los restos del naufragio azul y evitar que el partido termine de desmoronarse antes de llegar a las elecciones de 2027.

El primer diagnóstico tiene nombre, apellido y hasta puesto en Gobierno: Santiago de la Peña, secretario general de Gobierno. Para el grupo inconforme con su posible candidatura a la alcaldía de Chihuahua, el funcionario se ha convertido en una auténtica piedra en el zapato azul. Y lo peor es que ni siquiera es panista de origen, sino un político con pasado priista que ahora pretende llegar a la candidatura por la puerta grande, mientras los militantes de toda la vida tendrían que conformarse con entrar por la ventana.

El segundo objetivo será apagar el incendio interno y mandar un mensaje: ¡No al dedazo! El equipo de Bonilla buscaría cerrar filas alrededor de un perfil auténticamente panista, capaz de unir a las tribus azules y evitar que la imposición de Santiago termine perjudicando las aspiraciones del alcalde capitalino a la gubernatura.

Porque entre tanto pleito, imposiciones y jaloneos, a Bonilla ya no quieren darle más dolores de cabeza. Bastante tiene con recuperarse de la parálisis facial que lo obligó a guardar reposo como para regresar y encontrarse con que su partido terminó políticamente desfigurado. Una cosa es la recuperación médica y otra tener que practicarle cirugía reconstructiva al PAN.

Y aquí viene la operación para tomar el control del partido. La salida de César Komaba se perfila como parte de una reestructuración del PAN estatal antes del arranque formal de las campañas. En los pasillos azules se interpreta como una posible toma de posiciones por parte del equipo cercano al virtual aspirante a gobernador, Marco Bonilla Mendoza, todo bajo la atenta vigilancia del Comité Ejecutivo Nacional, dejando a un lado al Estatal que ha sido un vomito.

Y si de hacer limpia se trata, algunos seguramente ya quisieran aplicar la misma receta a Daniela Álvarez pero esperan que se vaya solita a su candidatura en Ciudad Juárez con un boleto directo al sacrificio frente Morena.

Otro que ya anda meneando las riatas políticas es  el estrenado Mario Eduardo García Jiménez, quien acomoda las piezas del tablero para que todo termine inclinándose a favor de Bonilla. Porque en el PAN ya entendieron que no basta con tener candidato: también hay que tener partido, estructura y, de preferencia, militantes que no estén agarrándose del cuello.

El verdadero problema es el capricho del PRIANISMO que pretende colocar a Santiago de la Peña en la presidencia municipal de Chihuahua, una jugada que amenaza con profundizar la división entre quienes defienden la militancia panista y quienes consideran que las candidaturas pueden repartirse desde las oficinas del poder.

Y mientras unos quieren imponer, otros amenazan con rebelarse y los demás esperan a ver quién gana, el PAN sigue perdiendo tiempo, unidad y credibilidad.

Porque si el Consejo Estatal no logra poner orden, Marco Bonilla podría regresar de su reposo médico para encontrarse con un partido en estado de coma político. Y para ese diagnóstico no hay fisioterapia, cirugía ni milagro que alcance: solamente una buena dosis de democracia interna, si es que todavía les queda alguna.

 

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